Escribir es siempre una mirada al futuro
El poeta irlandés Seamus Heaney nos deja ver en su poema From the Frontier of Writing (Desde la frontera de la escritura), una correlación del riesgo que toma el que escribe y lo equipara con un territorio poblado de tanques militares, sargentos, tácticas y disparos, allá va el que escribe, montado en su jeep con la mirada puesta en la frontera a la que, cueste lo que cueste, habrá que llegar solamente para ponerse a escribir.
Ese que escribe habrá de sobrevivir al fuego cruzado, al cansancio y al hambre, a la desesperanza y a todas las quejas que la enfermedad pueda ponerle fuera de combate, en el caso de esta reciente novela de Mónica Lavín, La ausencia (Planeta, 2025), la cuestión de poner fuera de combate a las mujeres que escriben.
Esta es una novela como un tren. Imaginemos cientos de vagones, separados por bloques en los que suceden diferentes historias, pero en una misma vía con un lugar destinado. Lavinia Melín, es el personaje que nos conduce a su gusto por el interior de este tren que les propongo, ella tendrá la capacidad imaginativa, el placer y curiosidad de compartirnos sus diálogos con tres escritoras estadunidenses: Eudora Welty, Carson McCullers y Katherine Ann Porter quienes nos irán revelando su vida a través de los diálogos que establecen con la mexicana Lavinia Melín a medida que este tren, en una suerte de lugar común para unir a las escritoras y sus historias de vida, nos hará cómplices de secretos y rutinas de escritura de cada una de ellas.
La ausencia es una novela de búsqueda. Entiendo que no busca respuestas totales sino hacer preguntas sobre la vida que es la escritura. Casi al final de la novela nos dice Lavinia: “Resolver las preguntas sobre la escritura, escribiendo”
Mónica Levín hace posible con La ausencia el sueño de todo lector: el poder pasar una tarde con tu escritor o escritora favorita, mirarle a los ojos y tomarte un whisky, una cerveza o un Martini con él o ella. Detener el tiempo y en la conversación buscar en la propia mente puntos en común sobre la escritura y la vida que con sus contorsiones y rutas equivocadas nos empuja a describirla, a escribirla.
Cito de la página 204: “La sombra de aquel pequeño sicomoro me llevaba por los meandros de lo que estas tres mujeres y yo teníamos en común. Escribíamos.”
A través de esta novela vemos de reojo a escritores y artistas de un periodo difícil; ha pasado la Gran Depresión en Estados Unidos, existe principalmente un hervidero económico y político que dará paso a la Segunda Guerra Mundial; los ánimos de los creadores suben y bajan constantes, recordemos la obra de Edward Hopper y sus escenas de personajes aislados, reconfigurándose a partir de la exploración de su cuerpo, de la frialdad de los escenarios en los que son descubiertos, la ausencia en sus miradas, el vacío les es conocido.
En esta historia que contiene a otras, es muy interesante ir encontrando el hilo que une a las escritoras estadunidenses y a la mexicana Lavinia Melín a partir de la desaparición de una cuarta escritora que se pierde en un lago, el escenario es un bosque que enmarca un retiro para la escritura. Ahí comienza el viaje en este tren-destino que la protagonista irá dejándonos descubrir para entender qué significa la ausencia/muerte/desaparición de la cuarta escritora, Beth Mildew, en la escritura de cada una de ellas.
Esta es una novela como un salto en la Quebrada de Acapulco (este es un lugar que la protagonista nos muestra como el sueño de su padre, ser clavadista), un arrojarse siendo grabada por una cámara que puede detener la trayectoria en el aire e ir descubriendo las motivaciones para el valor o el terror del acto de caer sin protección.
En La ausencia encontraremos saltos del futuro al pasado de las escritoras, también proyecciones de las vidas, decisiones y escritos que resistirán en el presente la lectura de público como ustedes o yo que estamos dispuestos al salto dentro del texto. El texto es una invitación a la imaginación, nos muestra claves para continuar con la escritura a pesar de la escritura misma y su imposibilidad.
Esta novela, como su título predice, es un texto que se detiene a analizar la ausencia: La falta de la cuarta escritora Beth Mildew que será una sombra en la conciencia y trabajo literario de las otras mujeres, que provocando la reflexión sobre las otras ausencias que persisten en nuestro país: los desaparecidos y desaparecidas de todos los días, los feminicidios y la indiferencia que hace de los cuerpos números que se acumulan en la conciencia de nadie.
De igual manera, a través de la experiencia de estas mujeres que, en un tiempo ingrato para las escritoras y sus posibilidades de ser publicadas, el ir y venir de Lavinia Melín en el tiempo nos dará oportunidad para el contraste de la situación emocional, las motivaciones para la escritura de ayer y hoy, las preguntas: ¿De qué escribir? ¿Hay alguien del otro lado? (ese lector que recibirá el texto, qué siente, el cómo lo percibe y juzga)
Esta es una novela de quienes encuentran por vocación, equívoco, razón o juicio la pluma o la laptop y deben escribir, pero también, así me ha gustado verla, una novela de preguntas para seguir viviendo en el presente, para irse configurando en lo que se logrará pero en gran medida, como nos hizo ver Whitman, para celebrarnos a nosotros mismos en nuestra pasión y eso, para Lavinia y para Mónica es la escritura, así lo abrazamos como destino.




