Opinión

El último lector | Novios carniceros

Por: Rael Salvador

El activismo bélico de Donald Trump —hoy nominado por Benjamin Netanyahu al Nobel de la Paz— sólo cabe en la antinomia de un “linaje pacifista”: el de los criminales hipócritas.

Novios carniceros que, en sus regímenes autoritarios —iglesias del terror—, se la pasan lanzando bombas como si fuera arroz de boda, y, a su vez, implantan la tergiversación del lenguaje para difundir ideologías que buscan expandir sus pogromos de abuso y discriminación.

Estallidos que, camuflados en palabras vacías —tristeza de por medio—, encontrarán a sus rehenes entre los más despistados.

¿Por qué el afán de envestirse de algo que no corresponde ni con el personaje ni mucho menos con la encomienda? ¿Acaso no se premia ya la rabia psicótica en los campos de muerte con preseas que no valen la excursión a las tinieblas? ¿De dónde viene esta felonía que ronda tanto con la crueldad evidente como con la comicidad involuntaria?

En la condena de lo “Woke” —término libertario que goza de la tóxica “cultura de la cancelación”—, EE.UU. e Israel se asemejan a una Alemania que, en el momento ascenso infernal del nazismo (años 30 del siglo XX), prohibió lo “no ario”.

Los comunicados del 7 de julio emitidos por la Casa Blanca —y que, como pulgones, saltan en la prensa internacional— quieren hacernos creer que las negociaciones de un alto al fuego en Gaza se encuentran en la escalada de madurez y resolución.

Nada más alejado de la puta realidad.

Los personajes de esta comedia bufa se encuentran en medio de una cena romántica —así lo indica el embeleso cínico de los rostros y del séquito adulador que los circunda—; uno, el falso extranjero, estira el brazo halagador… y el otro, el gordito naranja, sonríe, ya que sabe de antemano que el sobre adiamantado que le acaban de ofrecer contiene su propuesta para el Premio Nobel de la Paz.

Un espíritu enano montado en el lomo del mundo —vaquerito de mierda—, considera que el comité del Nobel se está tardando en concederle tan merecida distinción.

A Trump ha dicho en repetidas ocasiones que si se hubiera llamado a Obama —quien lo recibió en 2009—, habría recibido el Premio Nobel “en diez segundos”.

¿Cuáles serían los comentarios de Nelson Mandela, la Madre Teresa de Calcuta y Martin Luther King, quienes coincidieron con lo recomendado por Alfred Nobel para recibir tal distinción?

Seguro que reprobatorios.

No hay que olvidar que Trump ya fue nominado en 2017 y en 2020 y, desde luego, no lo obtuvo (igual suerte corrió en su momento Hitler al ser rechazado de manera más que diligente por el comité del Nobel). A todas luces, lo que da razón a Marx: “La historia se repite, primero como tragedia, luego como una farsa”.

¿Quién ofrece la libertad a estos “chacales de paja” para organizar la vida política de las naciones —lo que, en este circo en llamas, entendemos de ellas— según sus apreciaciones grotescas?

Año con año, desde 1875, se entrega el Premio Nobel de la Paz, pero no la paz.

Como la concebía y concentraba en su prosa ligera el filósofo Bertrand Russell, la felicidad tiene un escalón más: la evolución festiva al estado de pacífico, no como resultado de la farsa sanguinaria de las guerras —donde el negocio de las armas y las constructoras se agazapan y, entre las ruinas, se condecoran—, sino como disolvente de las neurosis y las taras aprehendidas. Sin ella, encarnizada en el animal humano, la paz de los días queda ausente de proyecto.

raelart@hotmail.com

Related Posts