Opinión

El último lector | La policía llama a tu puerta

Por: Rael Salvador

En términos de ley, prevaleció un error de proceso: la notificación oficial, con sello y firma del responsable, sostenida por la Unidad de Asuntos Jurídicos y afianzada en el discurso público —los medios de comunicación, sobre todo—, para que la Secretaría de Educación Pública (SEP) no quedara empantanada, una vez más, en sus propias contradicciones.

No hubo notificación, en cambio —en otro comunicado tardío— la SEP “informa que no ha ocurrido ningún desalojo por parte de las autoridades hacia funcionario alguno”. Cuestión, como sabemos, los videos existentes ponen flagrantemente en duda.

Por el contrario, la policía se encargó de llamar a la puerta del doctor Marx Arriaga —ahora ex director de la Dirección General de Materiales Educativos (DGMA)— y de conminarlo y escoltarlo a la salida de la institución encargada de llevar las riendas de la educación en México.

Al no ser los modos ni las formas, todo derivó en una cuestión de dignidad elemental y respeto ante la gestión encomendada —coordinar la elaboración de los libros de texto para la Nueva Escuela Mexicana (NEM)—, exigiéndose responsabilidad ante las torpezas de manual, que más parece una celada del “desaparecido” Mario Delgado Carrillo, Secretario de Educación Pública, acompasada con los lugares comunes de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, al negarse a ofrecer una respuesta razonable oscureciendo más el panorama.

Se olvidaron que “no se toca ninguna coma” no es literal, significa que no habrá ningún cambio hasta que sea justificado. Lo de la inclusión, da pie para hablar del porqué de las asimetrías heroicas (sin caer en fantasías de “obligatoriedad” animada). 

Y como no podría faltar, los medios de comunicación —con su ejercito de comentaristas al uso— se han servido con la cuchara grande y han roto hasta la corona de la Virgen para enjuiciar, picar y denostar al doctor Marx Arriaga a través de vilezas que sólo podrían venir del estómago de algunos “perros”, por citar de las bestias a la más modesta (y muchos aquí tampoco estarán de acuerdo). 

En un país donde los hombres de una sola pieza, que defienden aquello en lo que creen y son coherentes en su proceder —no sólo contribuyendo al bien común, en una práctica que conviene a todos por su justicia en la repartición de saberes—, la vieja educación de cuño neoliberal (aquella que cree a pies juntillas en la privatización de la conciencia pública) castiga con la humillación y el exilio social, ya no se diga de la función administrativa de los poderes del mercado, como es el caso de la educación cooptada por el capital.

Los algoritmos del mundo presente nos llevan a todos por el mismo camino: a creer las estupideces de las redes sociales, abrevaderos envenenados donde los hocicos de las “plumas fáciles” alimentan sus comentarios mordaces. La calumnia concertada, el linchamiento mediático, el “fake new”, el ninguneo decidido son prácticas seudoperiodísticas que hacen de la exageración calculada un beneficio de empresa. 

En la “informatología” de hoy, parece muy difícil apartar ya la paja de los cornezuelos del centeno (LSD). Tal es así, que la alucinación en sus imaginarios —editoriales, columnas, portales privados, programas por YouTube, opinólogos de toda ralea, etc.— se desborda en temáticas tan cotidianas como en una cerril omisión de oficio (el “Godínez” en turno tuvo miedo y se acompañó de la policía, ya que existía la posibilidad que el “comunista” Marx Arriaga le comiera la cabeza de un bocado) y terminamos asistiendo al más bufo circo de despolitización masiva.

raelart@hotmail.com 

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