El último lector | La metástasis de las aspirinas
El color de la alegoría sólo alcanza su virtud en la generalidad, de ahí que la generalidad sea la manera más fácil de caer en el error.
La “generalidad” sin contraste es similar al cáncer —que, en su descomposición disonante, crece sus células de manera descontrolada y mortal—, metástasis “opinativa” que, a partir de la personalización, reduce la información al grado de aspirina, la cual se digiere irremediablemente como paliativo lector.
Es decir, datos manipulados —tomados como verosimilitud— y propagados para la exclusiva inclinación o intención al desaliento.
Y ahí, efectivamente, en la afectividad destruida “no hay nada que celebrar”.
“Bajar la exactitud”, repartiendo metáforas, desatendiendo el favor de las estadísticas —el viejo Winston Churchill sostenía que las estadísticas son como un bikini: muestran datos interesantes pero esconden lo realmente importante—, es como envenenar con ficciones la interpretación de los hechos: “No se redujo nada, se repartió más dinero” pasa a describir a la 4T como un “modelo económico del fracaso”, sin tomar en cuenta que muchos mexicanos, en los sexenios anteriores, se encontraban en condiciones de abandono grave y en desatención salarial.
Que tire la primera piedra quien, observando su entorno, no tenga un amigo, un familiar o un conocido que, en su faceta de “emprendedor”, no haya renunciado a lo “comercial” y pasado de ese “supuesto de prosperidad” al “supuesto de lo verdadero”: la capitalización concreta de una esperanza.
Fueron tiempos duros, pandemia de por medio, donde la convivencia de calle —en lo que se refiere a los especulativo mercante (sin información privilegiada)— resultó ser una actividad de sobrevivencia inútil, gracias al abuso de políticas que sólo tenían ojos para la flor y nata del jet set de la riqueza egoísta y ostentosa.
Nos dice Jorge Suárez-Vélez que “en vez de eso, se ha favorecido un ambiente de dependencia que perpetúa la pobreza y elimina cualquier aspiración de movilidad social”, palabras que suenan a tambor roto, a demagogia maloliente, pútrida, cargante.
Y continúa su perorata: “Estamos formando generaciones de conformistas envidiosos y resentidos. Miles de familias dejaron de trabajar y subsisten con los distintos programas que reciben”.
¿Por qué no observar los actuales apoyos de gobierno como un presente de actitud vital y un destino a favor, y no como estos pequeños trozos de muerte que reparte con vaguedad envenenada este opinador profesional?
Muchas veces estas teorías de aficionados —tal como la expone Jorge Suárez-Vélez, en su “Aspirina para los pobres”— pecan de sostenerse en inclinaciones de grupos resentidos, sobre todo aquellos consorcios de élite a los que hoy, por su comprobada esterilidad, ya no son beneficiarios de subsidios a fondo perdido.
“Al, adicionalmente, eliminarse la condicionalidad —mandar a los hijos a la escuela, por ejemplo—, se crearon incentivos perversos…”, insiste.
La educación es un derecho constitucional, no un espejismo de enmendaduras y remaches que se vende desde “columnas” malintencionadas.
La educación es la puerta a la democracia, la ventana más transparente en el edificio de la Nación, el alma social de todos nosotros, y no debe eclipsarse por la incomprensión de su verdad.
Desacreditar sus bienes, con beneplácito sedicioso, en una campaña que orquesta su canto con mentiras, es atentar contra la más elemental de las herencias de la especie: la transmisión de saberes.
Admitir el derrumbamiento social, sería como escribir la consigna del ministro Bravo Murillo en el frontispicio de toda escuela: “No necesitamos hombres capaces de pensar, sino bestias de trabajo”.
No podría pensar que la escuela “humaniza” todo lo que destroza, que una aspirina se utilice como alegoría para poner el “cáncer” de la opinión vesánica en un clima donde se lucha con dignidad y una presidenta —ejemplar en todo sentido— preste atención al empuje y prosperidad de cada uno de los mexicanos.
Todo lo difícil, excelso y diferente es raro, por eso pocos los comprenden.
raelart@hotmail.com




