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Opinión

El último lector | El filósofo descalzo

Por: Rael Salvador

Los eventos de lo humano —los trágicos, sobre todo— se convierten en un rehilete imparable: sabemos de su contenido, pero la borrasca tecnológica que genera su vórtice distorsiona lo descriptible y, en su totalidad, lo comprensible.

¿Qué queda? Hilachas de entrañas; desgarres, como filetes mal cortados del alma; roídos de dolor… Un gourmet para hienas, cuervos y gusanera que los acompaña.

El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha salvado gracias a una palabra: la que, ante lo imbatible —el “tiro mortal”—, le movió la cabeza un centímetro.

Esos hacen las palabras, salvan la vida.

Pero, además de las palabras, hay otras cosas que lo hacen: los zapatos.

En ese atentado, Trump no perdió la vida sino los zapatos. Como un líder descalzo, rodeado de su equipo de protección —menos que una toalla en la playa—, no quiso exhibirse como una cucaracha en calcetines.

Y puede que tenga razón: nadie logra liderar una Gran Nación si es visto en esa desnuda intimidad de ejecutivo incompleto.

Podrá ahora faltarle un cacho de oreja, no el par de su calzado.

Mientras repaso las noticias de lo que pudo haber sido un magnicidio —Trump entra en esa categoría, muy a pesar de las chapuzas constantes—, observo la siguiente cabeza o titular:

«Peter Sloterdijk, filósofo: “El ser humano contemporáneo solo se refugia del futuro con actitudes frívolas”»

Se trata de una interesante entrevista al pensador alemán, realizada por Joseba Elola para el diario El País.

A Sloterdijk lo he estado leyendo desde hace un par de décadas (leer es una cosa; comprender, otra) a instancia de mi amigo escritor Carlos Mongar, a quien agradezco los tres tomos de “Esferas” (Ediciones Siruela), el opus magnum de su obra publicada.

Sloterdijk, 77 años —un año menor que el ungido candidato de los Republicanos—, recibe con los pies descalzos a sus invitados, “un elegante apartamento de una zona residencial del suroeste de Berlín”, donde los techos son altos, los sofás clásicos y hay libros por todas partes.

A la interrogante del periodista, el “filósofo descalzo” —alumno de aquel maravilloso gurú: Osho— sentencia: “Esas expresiones [de descontento] ya están ahí, a veces conducen al asesinato político, a matar a personas, a envenenar el ambiente político. Son muy tóxicas. Cada fechoría se multiplica por millones a través del sistema contemporáneo de prensa y medios de comunicación. Matas a uno y haces que millones se sientan asustados”.

La punta de la pluma de Elola señala en su libreta: “…expresiones de descontento”. La respuesta de Sloterdijk, como una flecha predispuesta, estudiada —como llevando el acierto por delante—, da en la diana del momento.

Hoy —gracias a los hados del destino— prevalece la regla inversa: el aspirante a asesino termina asesinado. Y uno también quisiera, a instancias de Platón, un rey descalzo.

He de hacer mención que los dos partes informativos —la entrevista y la noticia— son del sábado 13 de julio de 2024, en la coincidencia de un mismo discurso: el de “tiempos miserables”.

¿Nos haría bien alguna vez mandar al demonio los zapatos, al muy estilo de Oriente Medio? Desclasarnos, descansarnos, descalzarnos… Y, a diferencia de todas estas estupideces de la especie, cifradas en lo que se le acusa a Trump —mentira, demagogia, robo, hipocresía, racismo, misoginia, homofobia, fanatismo, siniestrismo de ultraderecha, etcétera—, avanzar como seres libres —en la medida que nos apartemos de esta estercolera—, ajenos ya a toda malignidad humana.

raelart@hotmail.com

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