Opinión

El último lector | “Dexter”: psicopatía al alcance de todos

Por: Rael Salvador

Un nuevo caso sangriento para la opinión pública… 

Y me pregunto, ¿desde cuándo la opinión pública ha sido fuente de sabiduría?

Lo que no ignora —salpicada cada vez más por la habitual narrativa del crimen—, es que la pedagogía televisiva —con su propuesta de enseñanza hiperrealista— prepara y entrena a sus emisarios y apologetas: niños frágiles y jóvenes faltos de clemencia que, abandonados y desesperados, sueñan con purgar las pesadillas del mal humano.  

Desde el inmisericorde resolutivo del asesinato —a partir de la fantasiosa justificación serial del psicópata vengador “Dexter”—, cosechamos ahora, como grupo humano, los frutos amargos —desperdigados— de una jovencita desmembrada bajo el árbol de muerte.

Horror y locura, o viceversa; como más le guste a usted. 

Y no es que desconozcamos o no sepamos de estas cruentas calamidades. Lo que sucede es que siempre estamos tapando el hoyo después de la criatura ahogada, haciendo oídos sordos al recuerdo trágico.

Foto Luis Bautista / Border Zoom

Pero ya que la estupidez insiste, habrá siempre quien levante de nuevo los pedazos del recuerdo cuando se cree —desde el artificio de “tiempos mejores”— que el olvido ha tapado definitivamente la catástrofe. 

No dudaré que, para el resentimiento y su proceder —no pocas veces de consecuencias sanguinarias—, son insuficientes los límites de la existencia. Y se entiende, dadas las condiciones de sobrevivencia en las plañideras sociedades de consumo, donde cada uno de los elementos que conforman su entorno existencial y cosificante, fáctico —familia, iglesia, medios de comunicación, empresas laborales, etc.— son fuente de desilusión, rabia o frustración. 

Keila Nicole, de apenas 13 años, quien había desaparecido el 2 de julio, en El Rosario, no lejos de San Quintín, Baja California (México), fue encontrada, al día siguiente, hecha pedazos: desmembrada de brazos y piernas y decapitada, en una escena de horror que, dado su símil televisivo —afirmado por su asesino, un joven de 16 años, seductor de la víctima—, invitaba a reflexionar sobre un hecho de locura no carente de crueldad sádica.  

Exhibiendo los dibujos a manera de guía ilustrada, donde se observan los trazos rojos por los cuales realizaría los cortes sobre el cuerpo de la víctima, el joven confesó que se inspiró en la serie “Dexter” para ejecutar el asesinato y su posterior descuartización, como si se tratara de la filmación de un episodio más de la serie…

Foto Luis Bautista / Border Zoom

¿Lo demás? Resulta imposible entenderlo. Así sepamos, en algún momento, sobre las causas inhumanas o motivaciones psiquiátricas —el “móvil oficial”, seguido de su certificación judicial— que hoy, por evidente, nos negamos a ver y reconocer como sociedad.

Ya con los ojos abiertos, agotado de imaginar justicia en los tribunales de los hombres —dando por hecho que la “comprensión” de lo sucedido no nos faculta de resolutivos—, prefiero quedarme, sólo por ahora, con esta significativa imagen moral de Albert Camus: “El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más bien buenos que malos, y, a decir verdad, no es esta la cuestión. Sólo que ignoran, más o menos, y a esto se le llama virtud o vicio, ya que el vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar. El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible”.

raelart@hotmail.com

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