Opinión

El T-MEC ya cambió de tema

Por: Rompecabezas | Mónica García-Durán

Hay algo que llama la atención en la discusión sobre la próxima revisión del T-MEC. Ni en Washington ni en el Congreso mexicano se está hablando ya sólo de comercio.

Cuando el vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados y uno de los principales operadores económicos del oficialismo, Alfonso Ramírez Cuéllar, señaló que el objetivo es dar certidumbre al acuerdo y evitar que la región entre en una dinámica de revisiones constantes, estaba describiendo apenas una parte del escenario. Del otro lado de la frontera, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, ha dejado claro que Washington quiere aprovechar la revisión para discutir temas mucho más amplios.

Y ahí está el verdadero cambio.

Hace unos años la conversación giraba alrededor de exportaciones, manufactura y aranceles. Hoy aparecen otros conceptos: seguridad económica, cadenas de suministro, energía, tecnología y la creciente presencia de China en la economía regional.

Donald Trump ya elevó la presión al afirmar que Estados Unidos podría estar mejor sin el T-MEC. Greer, por su parte, ha insistido en fortalecer las reglas de origen y reducir cualquier dependencia de cadenas productivas vinculadas a China. La señal es evidente: Washington quiere rediseñar las reglas económicas de América del Norte.

En México, las posturas reflejan la dimensión del desafío. El coordinador del grupo legislativo de mayoría Ricardo Monreal ha planteado que la revisión debe realizarse sin aceptar presiones que comprometan la soberanía nacional. Ramírez Cuéllar insiste en preservar la certidumbre para inversionistas y empresas. Desde la oposición, la panista Kenia López Rabadán y el priista Rubén Moreira advierten que la percepción de inseguridad, el crimen organizado y el Estado de derecho también influirán en la negociación.

Entonces, mientras Trump habla del T-MEC como una herramienta de presión para obtener concesiones, la presidenta Claudia Sheinbaum está intentando colocarse como la defensora de la integración económica norteamericana. En otras palabras, Washington está negociando desde la amenaza; México está intentando negociar desde la conveniencia mutua. La incógnita es cuál de las dos narrativas terminará imponiéndose cuando arranque formalmente la revisión el 1 de julio.

Quizá por eso existe un consenso poco común. Morena y oposición entienden que la revisión que arranca el 1 de julio ya no será una discusión exclusivamente comercial. Lo que está en juego es quién controlará la producción, la energía, la tecnología y buena parte del futuro económico de América del Norte.


PIEZAS SUELTAS

Bobby Pulido: una explicación que llega en el peor momento

El problema para el artista texano de ascendencia mexicana Bobby Pulido no es solamente una vieja fotografía o un concierto de hace años. El problema es el momento político en que aparece esta historia que viene a cuento.

Pulido busca representar a Texas, su ciudad natal, en el Congreso de Estados Unidos de la mano del Partido Demócrata, una fuerza política que ha hecho de la protección de menores, la rendición de cuentas y la responsabilidad pública parte central de su discurso. Por eso las revelaciones sobre su larga relación profesional con su acordeonista Frankie Caballero tienen un peso político que va más allá del espectáculo.

La pregunta no es si Caballero tenía derecho a trabajar tras cumplir su condena por delincuente sexual registrado. La pregunta es si resulta creíble que Pulido desconociera los antecedentes de una persona a la que durante años presentó como colaborador cercano y pieza importante de su carrera.

En una elección cerrada contra la republicana Monica De La Cruz, el riesgo no está en los tribunales, sino en la confianza. Y cuando un candidato como Pulido dedica más tiempo a explicar su pasado que a hablar de su agenda, normalmente ya está jugando a la defensiva. La suerte lo abandona…

La misión que llegó para quedarse

Hay noticias que pasan desapercibidas porque no traen una declaración explosiva ni una amenaza nueva. Esta es una de ellas. Pero quizá sea más importante que muchas de las que ocupan los titulares.

Lo que cuenta The New York Times es que la presencia militar de Estados Unidos en la frontera con México ya no parece una medida de emergencia. Empieza a parecer una política permanente.

Es cierto que los soldados han ayudado a cerrar rutas y a empujar a traficantes y grupos criminales hacia zonas más difíciles de operar. Pero dentro del propio Ejército estadounidense ya existe otra preocupación: cuánto tiempo puede sostenerse esta estrategia sin afectar el entrenamiento, los recursos y la preparación de las fuerzas armadas.

El dato de fondo es otro. En Washington ya no están viendo la frontera sólo como un problema migratorio. La están viendo como un asunto de seguridad nacional.

Y cuando eso ocurre, las cosas cambian. Porque las operaciones temporales tienen fecha de salida. Las estrategias de seguridad, en cambio, suelen quedarse mucho más tiempo del que sus gobiernos admiten al principio.

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