Opinión

El nuevo muro de Trump y sus afrentas a la geografía transfronteriza

Por: Iván Martínez Zazueta*

Aunque con menor impacto mediático que en su primer periodo, la administración de Donald Trump impulsa actualmente un megaproyecto para ampliar y fortalecer el denominado “Muro Inteligente” en la frontera de EEUU con México. Esta iniciativa, cuyas dimensiones superan con creces la apuesta anterior, representa nuevas amenazas para el paisaje y patrimonio transfronterizo, los ecosistemas compartidos y las comunidades que habitan en sus márgenes.

Una de las promesas centrales con las que Trump llegó a su primera presidencia (2017-2021) fue la de construir un “gran y hermoso muro” a lo largo de la frontera sur de EEUU para impedir la inmigración indocumentada. Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) al término de su mandato se habían construido 727 km del “nuevo sistema de muro fronterizo”, sin embargo, la mayor parte fueron sustituciones o reparaciones de tramos existentes. El cambio más relevante fue el incremento de 5 a 9 metros en la altura del muro. Los nuevos segmentos fueron 53 km de vallas secundarias y 76 km de barreras primarias completamente nuevas. Para este proyecto se destinaron alrededor de 15 mil mdd.

Si bien la política migratoria de su segunda administración ha tenido el foco de atención en las violentas persecuciones y deportaciones de inmigrantes por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), el proyecto de muro fronterizo que actualmente impulsa tiene dimensiones e implicaciones mucho mayores que el anterior. Su financiamiento fue aprobado en julio de 2025 mediante la llamada Gran Ley Hermosa (One Big Beautiful Act), la cual recorta impuestos a grandes corporaciones y disminuye programas sociales. Esta ley destina 46 mil mdd en fondos para la construcción, instalación y mejora del muro fronterizo, lo que representa un aumento de más de tres veces del presupuesto para este rubro, comparado con su anterior gobierno.

De acuerdo a CBP, el nuevo proyecto de “Muro Inteligente” consiste en la construcción de un sistema de barreras fronterizas que incluye una combinación de muros de barras de acero primarios y secundarios, barreras flotantes, caminos de patrullaje, cámaras, luces y otros sistemas de detección. Se proyecta la construcción de 1,012 km de nuevas barreras principales y 1,017 km de muro secundario (doble barrera), así como 862 km de muro flotante. El resto de la franja fronteriza, donde no se proyecta una barrera, estará cubierto por tecnología de detección.

Este megaproyecto conlleva importantes afectaciones ambientales, sociales y culturales en ambos lados de la frontera, las cuales se diferencian de acuerdo a los dos tipos de línea divisoria entre uno y otro país.

El primero es el de la frontera terrestre, formada por líneas rectas que separan a California, Arizona y Nuevo México de Baja California, Sonora y Chihuahua, respectivamente. Estos trazos artificiales fragmentan o rompen con continuidades de la geografía física como son montañas, desiertos, pastizales, humedales y otros ecosistemas. De ahí que el proyecto de muro en esta frontera, que en su mayoría se compone de una doble barrera, afecte hábitats y corredores biológicos muy importantes para la vida silvestre. Entre ellos se encuentran áreas de gran biodiversidad destinadas a la conservación como son Organ Pipe Cactus, Coronado y San Pedro Riparian, en Arizona, así como las reservas de la biósfera de El Pinacate y Gran Desierto de Altar, en Sonora y la de Janos, en Chihuahua.

Este muro también afecta a diversos territorios indígenas atravesados por la frontera. Un caso crítico es el del pueblo kumiai, cuya montaña sagrada, el Cerro Cuchumá, está siendo dinamitada para construir una doble barrera. También se proyecta una estructura similar en el territorio de los Tohono O’odham, donde anteriormente solo existía un muro vehicular. Pese a la resistencia y las protestas de estas comunidades, la administración de Trump parece decidida a imponer su voluntad sobre la soberanía de estos pueblos.

El segundo tipo de frontera es la fluvial, cuyas líneas cortan por la mitad todo el cauce compartido del río Bravo y una pequeña franja del río Colorado que divide a Baja California de Arizona. En ambas fronteras ya existen algunos segmentos de muro primario. En el caso del Bravo, se planea ampliarlo para cubrir la franja fronteriza que va desde la presa La Amistad hasta el Golfo de México, cubriendo más de 850 km. Adicionalmente, sobre este mismo segmento, y sobre una pequeña parte del río Colorado al norte de la presa Morelos, se proyecta construir un muro de boyas flotantes de casi un metro de diámetro, equipadas con púas y sierras, como el instalado por el gobierno de Texas entre Eagle Pass y Piedras Negras.

Este muro representa un alto riesgo de muerte por ahogamiento y lesiones graves tanto para migrantes, como para las comunidades ribereñas que hacen uso del río. También genera daños ambientales al fragmentar el ecosistema de los ríos, afectando la circulación de especies silvestres. Aquí se incluyen áreas de protección de flora y fauna como las ubicadas en el delta del río Bravo, en ambos lados de la frontera.

Debido a las afectaciones descritas, varias organizaciones y activistas han emprendido denuncias y acciones legales contra el nuevo muro. Sin embargo, estas demandas no han prosperado debido a que CBP utiliza una ley de 2005 para crear estados de excepción en materia ambiental por motivos de “seguridad nacional”, suspendiendo la aplicación de diversas leyes de carácter ambiental, como la Ley de Política Ambiental, la Ley de Especies en Peligro de Extinción, la Ley de Agua Potable Segura, entre otras. De ahí que la destrucción ambiental de este proyecto avance prácticamente sin obstáculos.

En suma, el nuevo “Muro de la Infamia”, impulsado por el gobierno de Trump, representa nuevas afrentas para la geografía transfronteriza al profundizar la devastación socioambiental, el despojo y la violencia de Estado. Solo resta seguir luchando y resistiendo para detener estas afrentas con la convicción de que, tarde que temprano, todo muro, como todo imperio, está destinado a colapsar.

*Geógrafo y activista

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