Opinión

El muro regresa como advertencia política a México

Por: Mónica García-Durán | Rompecabezas

Está por concluir el primer año del segundo mandato de Donald Trump y su gobierno vuelve a colocar la frontera con México en el centro de su estrategia de seguridad. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) anunció que decenas de millas de nuevo muro fronterizo, barreras fluviales y tecnología avanzada comenzarán a construirse “pronto” en Texas y Arizona, incluido Laredo, un punto especialmente sensible por su historia de oposición comunitaria a este tipo de obras. 

Y la señal es clara: la contención vuelve a ser física, tecnológica y acelerada

Según reportes de prensa, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) otorgó cinco contratos por 3,300 millones de dólares para proyectos de “muros inteligentes”. Estos se suman a 4,500 millones de dólares adjudicados en octubre, que contemplan 230 millas de nuevo muro y al menos 80 millas de barrera fluvial a lo largo de la frontera suroeste. El volumen de recursos y la rapidez del despliegue marcan un giro frente a la etapa previa y reactivan una política emblemática del trumpismo.

Laredo, el quiebre simbólico

El anuncio más delicado es el que toca a Laredo, frente a Nuevo Laredo, Tamaulipas. Ahí se construirán 24 kilómetros de muro y 106 kilómetros de barrera fluvial en el Río Bravo mediante dos contratos con Fisher Sand & Gravel Company por 740 millones de dólares, además de 66 kilómetros adicionales a cargo de la texana empresa privada de construcción SLSCO Ltd., por 665 millones. Laredo nunca había tenido muro y alberga una oposición organizada que, en el pasado, frenó proyectos similares.

La reacción local no tardó. Entrevistada por medios locales, Margarita Araiza, del Centro de Estudios Internacionales del Río Grande, advirtió que vivir “detrás de un muro” sería una vergüenza histórica y llamó a presionar a representantes locales y estatales. 

Aun así, bajo la nueva administración Trump, el DHS sostiene que la obra sí se hará. La secretaria Kristi Noem emitió nueve exenciones ambientales para acelerar la construcción en sectores como Del Río (Texas) y Tucson (Arizona), reduciendo obstáculos regulatorios y acotando la deliberación pública.

Los contratos | Quién construye y cuánto

El paquete anunciado detalla el alcance territorial y tecnológico:

•               Laredo: 24 km de muro y 106 km de barrera fluvial (Fisher Sand & Gravel, 740 mdd) + 66 km de muro (SLSCO, 665 mdd).

•               Del Río: 35 km de muro y 21 km de tecnología de detección avanzada (SLSCO, 372.8 mdd).

•               Tucson: 19 millas de muro y 19 millas de muro secundario, más 136 millas de tecnología (Fisher Sand & Gravel, 1.5 mil mdd).

Fisher Sand & Gravel concentró los contratos más lucrativos (2,200 mdd). No es un actor nuevo: en 2020 obtuvo el primer contrato superior a 1,000 mdd y su propietario, Tommy Fisher, autofinanció un tramo privado del muro en Mission, Texas. 

La CBP, por voz de su comisionado Rodney Scott, justificó la estrategia como una herramienta clave para detener actividades ilegales y facilitar el trabajo de los agentes.

Para México, el mensaje va más allá del control migratorio. La construcción de muro y barreras fluviales —especialmente en tramos urbanos y binacionales— reconfigura la cooperación fronteriza, eleva la fricción política y presiona a las autoridades mexicanas en seguridad, comercio y gestión del río. La introducción de tecnología de detección a gran escala también apunta a un esquema de vigilancia persistente que no depende del flujo migratorio coyuntural.

Aquí entra la advertencia que aporta The Washington Post. Según el diario, la estrategia de línea dura asociada a Stephen Miller —arquitecto de las políticas más restrictivas— evolucionó hacia operaciones de alto riesgo, con choques náuticos mortales y campañas “poco convencionales” autorizadas por documentos legales y directivas.

El propio reporte señala que la administración consideró inicialmente perseguir a cárteles mexicanos, pero luego redirigió el foco a Venezuela, sin abandonar un marco operativo que habilitó acciones letales.

La coexistencia de ambos frentes —infraestructura física acelerada y operaciones coercitivas— sugiere una política integral de presión. El muro no es solo un símbolo: es el ancla territorial de una estrategia que combina barreras, tecnología y excepciones regulatorias con un discurso de seguridad que normaliza el uso intensivo de la fuerza.

La frontera como tablero geopolítico

La reactivación del muro en Laredo y otros sectores convierte a la frontera en un instrumento de advertencia hacia México. No se trata únicamente de frenar cruces; es una señal de que Washington está dispuesto a endurecer unilateralmente su postura, incluso a costa de tensiones comunitarias, ambientales y diplomáticas. 

Para México, el desafío es doble: contener la escalada retórica y operativa, y defender los espacios de cooperación binacional que eviten que la frontera se transforme, otra vez, en el principal campo de presión política.

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