Opinión

El Mundial arranca y los problemas entre socios no se toman vacaciones…

Por: Rompecabezas | Mónica García-Durán

En unas horas, México, Estados Unidos y Canadá estarán bajo los reflectores del planeta por una razón mucho más amable que la política: el futbol. Los estadios se llenarán, las cámaras recorrerán las ciudades anfitrionas y millones de personas seguirán cada partido. Pero detrás de la fiesta hay una realidad que no desaparece porque ruede un balón.

La seguridad sigue siendo el tema más delicado de la relación regional. Washington mantiene la presión sobre México para contener a los grupos criminales que trafican fentanilo, armas, personas y dinero. Y aunque ambos gobiernos presumen cooperación, las diferencias de fondo siguen ahí.

La migración tampoco se fue a ningún lado. Los flujos disminuyeron respecto a años anteriores, pero la frontera continúa siendo un asunto político de primer orden para la Casa Blanca y un tema sensible para México.

A eso se suma la revisión del T-MEC que se aproxima en el horizonte. Energía, inversiones, reglas comerciales y disputas regulatorias siguen acumulándose en la mesa de negociación. Nadie quiere una crisis comercial en medio de la fiesta, pero tampoco hay señales de que las diferencias estén resueltas.

Y está Canadá, muchas veces el socio menos ruidoso, pero no menos importante. Ottawa observa con atención los debates sobre comercio, seguridad y movilidad regional porque cualquier ajuste en la relación entre Washington y Ciudad de México termina impactando a los tres.

Durante unas semanas veremos goles, ceremonias y estadios llenos. Sin embargo, cuando termine el último partido, los pendientes seguirán esperando sobre la mesa. El Mundial puede pausar la conversación. Lo que no puede hacer es resolverla.

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