El Mundial 2026 ya nació político… Alemania finge no darse cuenta y sugiere un boicot
El debate no estalló en un parlamento ni en una cancillería. Estalló en Hamburgo, en el club más incómodo del fútbol alemán. Y por eso incomoda tanto.
Oke Göttlich, presidente del FC St. Pauli y vicepresidente de la Federación Alemana de Fútbol, (DFB, por sus siglas en alemán, Deutscher Fußball-Bund), máximo organismo rector del fútbol en Alemania encargado de organizar y regular ese deporte hizo lo que el establishment deportivo evita como regla: poner palabras políticas donde otros insisten en ver solo balones.
En una entrevista con el medio deportivo Hamburger MorgenPost, y retomada por The New York Times en su sección The Athletic, Göttlich propuso algo que en Alemania suena casi herético: discutir abiertamente un posible boicot al Mundial 2026, organizado en Estados Unidos, Canadá y México.
No pidió ejecutarlo. Pidió discutirlo. Y eso bastó para activar el reflejo defensivo. La reacción fue inmediata y reveladora. El presidente de la influyente organización futbolística, DFB, Bernd Neuendorf, no entró al fondo del asunto. No habló de migración, de derechos civiles, de alertas de viaje ni del clima político estadounidense. Optó por la forma: acusó a Göttlich de “adelantarse”, de hablar “fuera de turno”, de instalar un debate “inoportuno”.
Es una respuesta conocida cuando el mensaje es incómodo y el mensajero no puede ser descalificado con facilidad. Porque Göttlich no es un actor externo: forma parte del comité ejecutivo de la DFB. Por eso había que marcarlo. Y así lo hizo su jefe inmediato.
A la contención se sumó Hans-Joachim Watzke, jefe de la Liga Alemana de Fútbol (DFL, Deutsche Fußball Liga) quien rechazó de plano cualquier insinuación de boicot. El mensaje implícito fue claro: este tipo de discusiones no deben darse en público.
Sin embargo, lo público ya estaba encima de la mesa.
Göttlich habló desde hechos verificables que se han observado desde aquella nación:
- Alertas de viaje emitidas por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania
- Endurecimiento de la política migratoria en Estados Unidos
- Muertes y abusos asociados a operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos, (ICE)
- En entorno político dominado por la centralidad de Donald Trump
Y el Mundial 2026 no se organiza en el vacío. Se organiza en ese contexto.
Cuando la neutralidad deja de ser creíble
Uno de los puntos más relevantes del planteamiento de Göttlich es que desmonta una ficción conveniente: la idea de que el fútbol puede mantenerse al margen de la política.
Según su argumento, esa frontera fue cruzada hace tiempo, y de forma explícita, por la propia FIFA. El deportista teutón menciona en la entrevista el espectáculo propagandístico protagonizado por Gianni Infantino junto al presidente Trump, envuelto en retórica de premios y paz, como evidencia de que la politización no viene desde los márgenes, sino desde la cúpula.
El razonamiento es incómodo pero coherente: si el Mundial de Rusia 2018 no se boicoteó tras la anexión de Crimea, no fue por neutralidad, sino por cálculo. Y ese cálculo, sostiene, tuvo consecuencias.
La discusión dejó de ser exclusivamente alemana cuando el ex directivo suizo Sepp Blatter -quien presidió la FIFA entre 1998 y 2015, es decir, una voz influyente cuando habla de gobernanza y política del deporte-, respaldó públicamente la advertencia del experto en anticorrupción que colaboró con la FIFA, Mark Pieth, de recomendar a los aficionados evitar viajar a Estados Unidos durante el Mundial 2026, señalando que quienes no “se comporten conforme a lo que esperan las autoridades” podrían ser devueltos de inmediato. Su consejo fue claro: mejor verlo por televisión.
Blatter amplificó ese mensaje en redes sociales, afirmando que Pieth “tenía razón al cuestionar el torneo”. No fue un llamado ideológico al boicot, sino una advertencia pragmática sobre el clima migratorio y de seguridad en Estados Unidos.
Que este mensaje provenga de figuras centrales del antiguo poder futbolístico indica que la inquietud ya no se limita a sectores militantes o alternativos.
El ángulo que Alemania evita y que México no puede ignorar, donde el debate adquiere una dimensión adicional, es precisamente esta discusión europea como una señal temprana que anticipa tensiones reales en la relación con Estados Unidos rumbo a 2026, cuando el Mundial obligue a coordinar políticas de seguridad, control migratorio y garantías para millones de aficionados internacionales.
Lo que hoy se discute en Alemania como hipótesis, entre los países sede en América del Norte, Estados Unidos, México y Canadá, se traducirá en gestión cotidiana en fronteras, aeropuertos y ciudades sede.
El Mundial no solo será un evento deportivo compartido; será una prueba política compartida. Y es que, Göttlich no llamó a dinamitar el torneo. Llamó a asumir la realidad antes de que la inercia la imponga. La reacción de la DFB revela algo más profundo que una diferencia de opinión: revela el temor a abrir un debate que el fútbol institucional no controla.
El Mundial 2026 ya está cargado de política. Negarlo no lo despolitiza; solo retrasa la discusión. Y, dicen los expertos en el tema que, la historia reciente del fútbol internacional muestra que cuando éstas conversaciones se postergan, siempre llegan tarde al desafío.




