El Escuchón | El talento y la sociedad de la extorsión
En una cervecería del centro escuchaba a unas personas celebrar las proezas del líder del cartel abatido recientemente. Al sonido de un corrido de Chalino y del chocar de los tarros, estas personas celebraban el logro financiero y organizacional, propio de personas con una maestría de negocios en Harvard, pues el abatido capo, sin educación formal, había convertido a su cartel en una organización franquiciaría y de logística global.
He escuchado a académicos interpretar esta celebración de la narcocultura como un síntoma de problemas sociales más profundos. Pero la romantización y normalización de la violencia no fue lo que me preocupó de la conversación; sino el contraste entre los méritos empresariales del capo y la falta de oportunidades.
Es cierto que en la cultura occidental el mérito es una construcción social en crisis tal y como lo explica el filósofo de Harvard Michael Sandel. En su libro La Tiranía del Mérito: ¿qué ha sido del bien común? Sandel nota que la mayor parte de las veces importa más la cuna que el mérito para triunfar en la vida; pero que la retórica del mérito sirve para humillar a aquellos que no triunfan (independientemente de su mérito) mientras que personas que han triunfado más por su cuna, disfrazan convenientemente sus privilegios con la misma retórica. Sin duda eso ocurre también en México; pero lo que me entristeció no fue la crisis de la meritocracia sino la poca capacidad de nuestro régimen de sacar ventaja colectiva del talento de las personas.
Aunque la meritocracia funcione como un doble discurso, como lo explica Sandel, la porosidad con la que las sociedades abren las oportunidades y las recompensas al talento varía enormemente. Aunque las recompensas multimillonarias se reserven para aquellos con privilegios de cuna, puede haber otro conjunto de oportunidades y de recompensas menores que se reserven al talento; justo para enriquecer a los primeros. Abrir recompensas para el talento, sigue siendo una inversión redituable para que las personas de cuna extraigan grandes riquezas de ese talento (aunque luego sean los multimillonarios los que se cuelguen inmerecidamente la medallita del mérito). Esto establece un orden, si bien, profundamente injusto e inequitativo, al final cooperativo, entre los multimillonarios y el resto de la sociedad. Aunque un orden más justo produciría un bien común mayor; cualquier orden cooperativo produce bienes colectivos que benefician a la sociedad en su conjunto.
Naturalmente la comparación entre los bienes sociales que produce un arreglo cooperativo abusivo como el de EE. UU. y los que producen sociedades más justas en su cooperación como Canadá y los países del norte de Europa es simplemente ridícula en términos de la seguridad y los servicios públicos proveídos. Pero la gran tragedia en México es que no logramos establecer ningún sistema cooperativo sino sólo un sistema de extorsión. Nadie está invirtiendo en el talento y todos quieren extraer riqueza sin producir valor. El resultado es que no se producen bienes sociales como la seguridad, la educación o la salud. El político extorsiona organizaciones sociales por su voto sin implementar políticas públicas necesarias, los votantes extorsionan al gobierno por beneficios particulares sin considerar a la sociedad en su conjunto, el empresario extorsiona al gobierno para producir caro sin innovar nada, el viene-viene extorsiona al automovilista para estacionarse en un lugar que no le pertenece, el capo extorsiona al comerciante por piso y así, sin producir valor ni beneficio social. Una sociedad de extorsionados y extorsionadores; no de cooperadores.
No es que nuestra sociedad sea injusta, es que ni siquiera hemos podido articular una sociedad para empezar. En este régimen de capos en que vivimos, la próxima vez que usted tenga el poder de contratar a alguien; y en vez de contratar a la persona más talentosa para el puesto, usted decida contratar a su carnal o su prima; recuerde el costo en oportunidades perdidas para la innovación y el crecimiento. Piense qué tan diferente hubiera sido la historia, si alguien hubiera notado el talento y la motivación de un despierto jovencito de Aguililla y le hubiera dado una oportunidad honesta de desarrollar su talento.




