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Opinión

El “cierre” del campamento migrante | Eduardo Torre Cantalapiedra / Voces de El Colef

Por: Eduardo Torre Cantalapiedra

A un mes de que el campamento migrante “El Chaparral” fuera cercado por el Ayuntamiento de Tijuana, cabe reflexionar sobre las acciones conducidas por el municipio para poner fin a este asentamiento de migrantes y sobre cómo el campamento ha evidenciado una tarea pendiente para los diferentes niveles de gobierno en términos de gestión migratoria: generar espacios de asistencia adecuados a las necesidades de los solicitantes de asilo en la ciudad.

En la tarde-noche del 28 de octubre las autoridades municipales decidieron levantar un cerco perimetral al campamento, censar a la población y casas de campaña, así como otorgar credenciales a los migrantes que lo habitaban. Por el camino algunas carpas fueron tiradas a la basura con los enseres que contenían. A la mañana siguiente la única manera de entrar o salir del campamento era portando una credencial. Varios migrantes del campamento denunciaron en prensa sentirse “enjaulados” y que se les estaba tratando como si fueran criminales.

El plan de acción para el “cierre” del campamento se compone de dos estrategias básicas: impedir que nuevos migrantes sigan llegando al campamento en reemplazo de los que van saliendo. Convencer a los migrantes de que regresen a sus países origen, que se vayan a los albergues o cualquier otro lugar. Ambas parecen haber sido hasta cierto punto efectivas, en la medida que el número de residentes en el campamento habría descendido de manera continua.

Asimismo, puede haber otras estrategias que buscan la misma finalidad de disolver el campamento como si fuera azucarillo. Aunque el Ayuntamiento niega estar detrás del corte de electricidad, esta acción parece una estrategia de desgastar la voluntad de los migrantes y poco o nada una genuina intención de salvaguardar la integridad física de los mismos, por los riesgos que suponía la precaria red de cableado eléctrico que se extendía a lo largo y ancho del campamento. Además, las autoridades esperan que la lluvia y el frío colaboren en disuadir la permanencia en el campamento de los más obstinados.

La realidad es que más personas siguen llegando diariamente a El Chaparral, pero ya no pueden acceder al campamento. Estos migrantes son una muestra de los cientos que llegan cada mes a Tijuana. En camino vienen más, entre ellos, los participantes de las caravanas de migrantes que han salido de Tapachula. Muchos de sus integrantes ya sea en caravana, en pequeños grupos o individualmente probablemente acabarán en esta ciudad fronteriza.

La existencia del campamento migrante “El Chaparral” ha puesto de manifiesto que las poblaciones migrantes, tanto nacionales como extranjeras, que pretenden solicitar asilo en Estados Unidos no encuentran espacios de asentamiento transitorio mínimamente adecuados a sus necesidades. A pesar del gran esfuerzo que casas de migrantes, albergues y organizaciones de la sociedad civil realizan para albergar y apoyar a los migrantes en Tijuana, los flujos de migrantes y sus necesidades, especialmente cuando se trata de solicitantes de asilo, han rebasado la capacidad de esta red de apoyo y solidaridad.

En virtud de la aplicación del Título 42 por parte de las autoridades estadounidenses la posibilidad de pedir asilo ha sido en gran medida interrumpida y las estancias de solicitantes en Tijuana se vuelven cada vez más largas e indefinidas. La restitución del sistema de asilo estadounidense no va a ser una panacea para estas problemáticas, en la medida en que Estados Unidos siga limitando el número de casos que van a procesar cada día (metering) y reanude el infame programa “Permanece en México”.

Para asistir a los que pretenden solicitar asilo en Estados Unidos o ya comenzaron sus procesos, los diferentes niveles de gobierno han “experimentado” con diferentes espacios de alojamiento y prestación de servicios básicos a migrantes: el Centro Integración para el Migrante “Carmen Serdán”, el Santuario Migrante, son algunas de estas iniciativas, todas ellas han resultado ser insuficientes. Un reto todavía mayor es que los gobiernos de Estados Unidos y México definan vías para que los migrantes puedan abandonar, lo antes posible y de manera definitiva, estos espacios transitorios de asistencia hacia oportunidades de asentamiento y laborales que les permitan rehacer sus vidas. Por el momento, cientos de migrantes siguen aferrándose al campamento “El Chaparral” como su solución habitacional en Tijuana y con la esperanza de que la divina providencia les abra las puertas de Estados Unidos.

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