El año que nuestro Estado se cae a pedacitos
Fui a enviar un paquete al correo del centro y en la fila presencié algo francamente desconcertante. Un muchacho que sostenía unas postales en la mano estaba en pleno estado de shock, cuando el empleado del mostrador le dijo “¡No! ¡Aquí no se mandan cosas! Tienes que ir a la aduana”. El muchacho recuperó la calma y le explicó al empleado “…sólo son postales, no pagan impuesto…” El empleado comenzó a fustigar ansioso su computadora para saber qué hacer con las postales, a lo que el muchacho continuó: “…estas cuestan tanto y estas otras otro tanto…”. El empleado ofendido, reclamó: “nosotros confiamos en El Sistema, no en lo que diga Google”. El joven, respirando profundo dulcificó la voz y susurró: “es que no es Google es la página de SEPOMEX”. El empleado ya muy ofuscado contestó “¿Qué es SEPOMEX?”. La interacción continuó así por largo rato durante el cual el joven tuvo que explicarle al empleado que los precios de los envíos los determina el Congreso de la Unión por lo que no cambian frecuentemente, que el correo también envía cartas a otros países, que las estampillas sirven para mandar cartas y que SEPOMEX son las siglas del Servicio Postal Mexicano. A pesar de la serenidad y el estoicismo que el chico había demostrado durante todo el intercambio, el empleado no pudo evitar amenazar:
“Pero no te podemos garantizar que lleguen ¡eh!”.
El chico salió derrotado mientras yo no acertaba a avanzar a la ventanilla, porque muchos pensamientos oscuros se agolpaban en mi cabeza. ¿En esto terminó la revolución de las conciencias, la cuarta transformación, la regeneración nacional? ¿en la ausencia absoluta de orgullo por el servicio público? ¿en plena irresponsabilidad institucional? ¿en la más alta expresión de desencanto por la labor de la construcción de un Estado que nos proteja?
Lo que escuché coincide con las cifras: SEPOMEX ha sufrido una disminución sostenida de carteros, de volumen de piezas manejadas, de empleados, de rutas y de oficinas más o menos desde 2014. Pero mucho me temo que este fenómeno no se concentre sólo en correos, sino que responda a un programa sostenido y sistemático de adelgazamiento del Estado de Bienestar (el estado que cuida de las personas, que es diferente del Estado Neoliberal que cuida mejor al capital y los mercados o del Estado Autoritario que cuida la concentración del poder y descuida al capital y a los ciudadanos).
No sólo se han desmontado o debilitado las instituciones de regulación y contrapeso como el INAI (Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales), NOTIMEX (agencia de noticias del Estado) o el CONEVAL (Consejo para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social). También se han eliminado o debilitado instituciones que protegían los derechos básicos de las personas como por ejemplo el Seguro Popular, los mecanismos de compra consolidada de medicamentos y materiales de curación del IMSS, el INEE (Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación), FONHAPO (Fondo Nacional de Habitaciones Populares), y la trágica extinción del FONDEN (Fondo de desastres naturales). En vez de bienestar se ha preferido el dispendio en obras monumentales (que atraen votantes) pero de las que aún no se ha visto ninguna utilidad social como el Tren Maya, el AIFA y Mexicana de aviación, con pérdidas millonarias que se añaden a las gigantescas mermas por la mediocre gestión de CFE y PEMEX. Mientras tanto se cacareó la palabra “Bienestar” para nombrar programas sociales que el extinto CONEVAL evaluó negativamente por su poca transparencia y por no tener reglas claras que permitieran mostrar efectos positivos medibles, como por ejemplo Sembrando Vida, Jóvenes Construyendo el Futuro y las Universidades del Bienestar.
Este desastre institucional ha terminado en una caída sostenida de la inversión, en un aumento desproporcionado de la deuda sin fines productivos, en la falta de crecimiento y en el aumento de la inflación que poco a poco van minando los pocos logros del gobierno (aumento al salario mínimo y las pensiones de los adultos mayores) todo para dejarnos con un Estado que se nos cae a pedacitos y que no puede garantizar, que las medicinas nos curen, las escuelas nos eduquen, que regresemos a casa o que las cartas lleguen. Les deseo que no se nos rompa nuestro Estado todavía para que puedan tener felices fiestas.




