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Opinión

Astillero | Slim: «diluir» favoritismo

Por: Julio Hernández López

Carlos Slim se consideró inusualmente impelido a ofrecer una conferencia de prensa, ya en el tramo final del obradorismo, para tratar de convencer de la honesta evolución de su enorme patrimonio e incluso plantear que él no se ha beneficiado de la actual administración pública, pero sí le ha generado beneficios.

El empresario que más veces se ha reunido a solas con el presidente López Obrador también ha recibido durante la actual administración pública 2 mil 530 contratos que le han generado ganancias por unos 61 mil millones de pesos, según el detallado reportaje publicado por El Ceo, publicación de periodismo digital de negocios que dirige Mario Maldonado (https://goo.su/JBgQg2X).

Uno de los principales multimillonarios del mundo trata de diluir el señalamiento de que ha sido el empresario favorito del sexenio y que su enriquecimiento se ha multiplicado a partir de diciembre de 2018 (duplicada su fortuna con el gobierno guinda, según Bloomberg; ejemplo extremo de la desigualdad en México, según Oxfam).

En otro tema: atina la oposición al colocar en su mira electoral el tema de la inseguridad pública y, en específico, del creciente poderío del crimen organizado (CO).

Pero lo hace de forma sólo electorera (en busca de votos, más que de propuestas sensatas que lleven a soluciones), exagerando una terrible realidad que no necesita exageraciones y, sobre todo, pretendiendo instaurar como ofertas de salvación a los mismos personajes, partidos e intereses que iniciaron y sostuvieron buena parte de la tragedia nacional y que se mantienen en la misma tesitura de corrupción, impunidad y colusión.

En ese contexto es contraproducente el direccionamiento que le ha sido inducido a Xóchitl Gálvez para centrar su discurso en el tema del crimen organizado y la responsabilidad central que atribuye a la actual administración obradorista por la política de abrazos y no balazos y, en particular, en cuanto a entendimientos políticos y electorales del CO con el morenismo.

No hay mejor ejemplo comprobado de connivencia del poder político con el crimen organizado que el procesado judicialmente en Estados Unidos contra el secretario de Seguridad Pública durante la fraudulenta administración calderonista, Genaro García Luna, a quien se declaró culpable de poner al servicio de un cártel la estructura policial clave en el sexenio de «la guerra contra el narcotráfico«.

Y, así, Xóchitl pretende acelerar y sustentar sus denuncias en materia de narcopolítica mediante una fotografía con Felipe Calderón en España (adonde se fue a refugiar el michoacano en cuanto el juicio a García Luna entraba a su fase final, que podría tener implicaciones para tal jefe y socio).

La nómina de candidatos a puestos legislativos por PRI y PAN que acompañan a Xóchitl Gálvez también está cargada de personajes oscuros y siniestros, entre ellos el ex gobernador panista de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, a quien originalmente la candidata presidencial había designado para coordinar el programa de gobierno ¡en materia de seguridad pública!, aunque luego lo ha desmontado del encargo, pero no de la candidatura privilegiada a diputado federal.

La revisión de las candidaturas en curso, y de las relaciones peligrosas entre crimen organizado y política, desde luego que alcanza a Morena y a buena parte de sus gobernadores y dirigentes. Basta mencionar el expediente del asesinado Sergio Carmona, a quien se ha señalado como financista que fue de campañas electorales diversas, entre ellas la de Tamaulipas, donde Américo Villarreal se esmera en dejar hacer, dejar pasar. Casos parecidos hay en varias entidades morenistas de origen u otros, allegados por conveniencia en tramos recientes.

Y, mientras César Yáñez parece regresar a un carril de probable crecimiento político real, al dejar una difusa subsecretaría de Gobernación (castigado antes por una boda ostentosa que con dinero explicable fue realizada) para incorporarse al equipo de campaña de Sheinbaum, ¡hasta mañana!

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