La Selección Mexicana buscaba un heredero y Gilberto Mora levantó la mano
Tijuana, 17 de junio.– De las canchas de tierra tijuanenses donde comenzó a llamar la atención siendo apenas un niño, Gilberto Mora –el más pequeño de los Xolos– se convirtió en el futbolista mexicano más joven en debutar en un Mundial, y el mediocampista de tan solo 17 años hizo historia nuevamente al entrar por primera vez como titular en el partido en el que México derrotó 3-0 a Chequia en el último duelo de la fase de grupos.
Su irrupción en las canchas llega en un momento en el que balompié mexicano carece de referentes para una nueva generación, y con apenas 17 años, “Morita” levantó la mano para ser el heredero de íconos nacionales como Hugo Sánchez, quien con 19 años de edad debutó con el Tri en el Mundial de Argentina 1978.
El futuro es ahora
El pequeño heredero tuvo una entrada triunfal a la historia del futbol nacional, pues debutó en el mítico Estadio Azteca, en un Mundial celebrado en tierras mexicanas. Y ayer, Javier Aguirre, director técnico de la Selección Mexicana, le dio la confianza de ingresar nuevamente, pero ahora desde el silbatazo inicial –solo había sumado 25 minutos entrando de cambio en el enfrentamiento contra Sudáfrica–, a esa cancha tocada por los dioses del balompié.
“Morita” respondió a la oportunidad que ‘El Vasco’ Aguirre le brindó al orquestar el segundo gol de la Selección Mexicana. El juvenil puso un pase exacto al centro del área que Julián Quiñones aprovechó para firmar el 2-0. Instantes después, el rojinegro salió de la cancha entre la ovación del Estadio Azteca.
En la víspera del encuentro, el director técnico de República Checa, Miroslav Koubek, dedicó elogios al mediocampista de 17 años, al señalarlo como “el jugador más talentoso” de la Selección Mexicana.
En la tierra que lo vio crecer, una fiesta…
El Estadio Azteca ha sido escenario de algunas de las páginas más memorables del futbol. Ahí Pelé levantó la Copa del Mundo en 1970, Diego Armando Maradona escribió su leyenda en 1986 y generaciones de aficionados mexicanos han celebrado noches inolvidables con la Selección Nacional. Ahora, ese mismo escenario recibió como titular a Gilberto Mora, el futbolista que comenzó su camino a casi tres mil kilómetros de distancia, en las canchas de tierra de Tijuana.

En la ciudad donde inicia la patria, cuando se anunció la alineación de México y el nombre de Gilberto Mora apareció entre los once titulares, la avenida Revolución —sede del Baja Fut Fest— estalló en aplausos.
La ovación recorrió el corazón de Tijuana casi al mismo tiempo que en el Estadio Azteca, como un reconocimiento al joven que, aunque nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, llegó a la ciudad cuando era apenas un niño, y como cualquier tijuanense, comenzó a jugar en los campos de la Unidad Deportiva Jesús Romero Manzo, ubicados en la zona industrial de Otay, muy pegadito al cruce fronterizo con Estados Unidos.
Desde esas canchas, Mora comenzó a ganarse un nombre entre quienes lo veían jugar cada fin de semana. Después recorrió las categorías inferiores de Xolos hasta debutar con el primer equipo a sus 15 años.
Cada intervención de Gilberto Mora fue celebrada en Tijuana como si se tratara de un gol. Miles de aficionados tiñeron de verde, blanco y rojo la avenida Revolución para seguir el partido de la Selección Mexicana. De acuerdo con la Dirección Municipal de Protección Civil, alrededor de 9 mil personas acudieron al lugar: unas 5 mil se concentraron frente a la pantalla principal y otras 4 mil ocuparon restaurantes, bares y los alrededores.

Hace apenas unas semanas, Mora firmó con el Club Tijuana el contrato más importante para un jugador en la historia de la institución. El acuerdo, por tres años, incluyó la entrega del emblemático dorsal número 10 y ratificó la confianza del equipo en quien es considerado una de las mayores promesas del futbol mexicano.
“Llegó la hora. Dios nos bendiga a todos. Vamos México”, escribió Gilberto Mora en sus redes sociales antes de su debut como titular. En el futbol, el goleador suele convertirse en ese intermediario entre la fe y la euforia colectiva. Como escribió Manuel Vázquez Montalbán, este deporte es “una religión en busca de un Dios”, y toda religión necesita mensajeros que conecten las plegarias con el milagro.
Con información de Karen Castañeda / Border Zoom




