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La otra cara de la Copa América: peleas, arrestos, fallas y daños

Por: Alberto Aceves / La Jornada

Tijuana, 16 de julio. En un partido de fútbol los jugadores no son los únicos que tratan de probar quiénes son los mejores, los más fuertes y dominantes sobre un campo de juego. Esto se reproduce también en las gradas, donde una multitud de aficionados recorre extensas distancias geográficas para hacer visibles las señales que los identifican, explica el sociólogo y ensayista argentino Pablo Alabarces. 

Dice la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) que hay que volcar toda la pasión en alentar a las selecciones y tener una fiesta inolvidable. ¿Nunca nadie se dará cuenta de que tanta pasión, entre comillas, incluye sí o sí cagarse a piñas (golpes)?

Ante una organización rebasada en la final de la Copa América, cientos de simpatizantes de Argentina y Colombia dieron valor a esa clase de acciones violentas definidas por su pertenencia puramente pasional. Muchos de ellos escalaron rejas, se colaron por los conductos de ventilación, dieron portazo e ingresaron a las corridas por los pasillos del estadio Hard Rock, en Miami, en lo que era considerado un ensayo general de Estados Unidos para el Mundial de 2026. Las imágenes en video circularon a gran escala en los principales medios internacionales.

“Algunos dicen ‘los inadaptados de siempre’, pero con esa frase no explicas nada. No se puede solucionar un problema haciendo de cuenta que no existe”, afirma Alabarces, autor de numerosos libros relacionados con el deporte y la sociedad. 

Según el informe oficial, el departamento de policía de Miami-Dade realizó 27 arrestos y 55 personas fueron expulsadas del recinto. Entre los detenidos estuvo el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), Ramón Jesurún, y su hijo, Ramón Jamil Jesurún, acusados de agredir a varios guardias de seguridad.

Jesurún, quien además es vicepresidente de Conmebol, fue fichado por tres cargos de agresión y consiguió su libertad al pagar una fianza fijada en dos mil dólares, mil más que su hijo. La FCF no emitió ninguna postura al respecto.

Como resultado de los incidentes violentos, diferentes partes del estadio sufrieron daños significativos. Videos e imágenes difundidas en redes sociales mostraron las barandillas laterales de una escalera mecánica destrozadas, con zapatos, latas de refrescos, anteojos y prendas de vestir en el suelo. Las rejas de seguridad en un puesto de control en la entrada suroeste se doblaron mientras miles de personas, incluidos niños llorando, las empujaban. En el país de la seguridad, como declaró el técnico de Uruguay, Marcelo Bielsa, las autoridades mostraron ayer su repudio.

“Esta situación nunca debió haber ocurrido y no puede volver a ocurrir. Estamos indignados. Trabajaremos con los líderes del estadio para garantizar que se realice de inmediato una revisión de los hechos”, expresó la alcaldesa de Miami-Dade, Daniella Levine Cava, en un comunicado. 

Horas más tarde, los operadores del Hard Rock Stadium, casa de los Delfines y sede para el Mundial de 2026, reconocieron que es necesario revisar los protocolos de seguridad para evitar que la situación se repita.

En Alemania, los elementos de seguridad tuvieron menos problemas y delitos de lo que esperaban en la Eurocopa. El torneo terminó el domingo con la victoria de España sobre Inglaterra sin informes de disturbios graves. Sólo se presentaron incidentes aislados y relativamente menores, en contraste con la violencia en algunas ediciones anteriores.

La policía indicó que alrededor de 2.6 millones de personas asistieron a los partidos en las 10 ciudades anfitrionas. Hubo alrededor de 170 arrestos y 320 detenciones temporales.

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