Urbanistas proponen soluciones para ordenar el tráfico en Vía Rápida
Tijuana, 29 de agosto.- El caos vehicular en la Vía Rápida Oriente de Tijuana, donde convergen los automóviles que se dirigen al cruce fronterizo de San Ysidro con aquellos que transitan hacia otras zonas de la ciudad, ha llevado a urbanistas locales a plantear diversas alternativas de solución que van más allá de intervenciones superficiales.
Según especialistas en urbanismo consultados, el conflicto que se presenta en esta arteria vial no obedece únicamente al alto volumen de vehículos, sino a una combinación de factores estructurales y de comportamiento. La falta de confinamiento claro de los carriles hacia la garita permite que los conductores busquen incorporarse en el último momento, creando entrecruzamientos que saturan la vía.
El problema se agrava por la rigidez de la infraestructura actual, donde el puente existente concentra flujos vehiculares incompatibles en un espacio reducido, mientras que la conducta de los automovilistas, ante la ausencia de orden, recurre a «atajos» que intensifican el caos vial. Entre las propuestas analizadas destaca la extensión del puente existente del lado izquierdo para conectarlo con el lado derecho, descendiendo directamente hacia la vía lenta o el carril derecho previo al camellón. Esta modificación podría permitir un mejor confinamiento de los carriles y evitar cruces vehiculares en el punto más crítico.
Sin embargo, los especialistas advierten que esta alternativa requiere estudios técnicos exhaustivos y evaluaciones sobre sus impactos económicos y urbanos antes de cualquier implementación.
Otra opción contemplada es la eliminación de los camellones centrales, aunque los urbanistas señalan importantes riesgos asociados: afectaría la infraestructura gubernamental ubicada frente al Palacio Municipal, comprometería las estructuras cimentadas sobre el camellón de la vía lenta, e incrementaría la velocidad vehicular en un tramo ya conflictivo. Los expertos también destacan que los camellones, pese a contar con áreas verdes mínimas, representan un componente urbano que suele sacrificarse privilegiando el asfalto sobre elementos naturales.

Los especialistas enfatizan que los conflictos viales no se limitan al punto del cruce fronterizo. Identifican al menos dos entrecruzamientos previos que complican la circulación: uno en la Colonia Buena Vista y otro en la unión de las Vías Rápidas Oriente y Alamar. Estos puntos problemáticos deben analizarse junto con los conflictos presentes en la Vía Rápida Poniente, donde se registran dinámicas similares de saturación y cruces forzados. Los urbanistas advierten que sin un análisis integral del corredor, cualquier intervención en un punto específico solo trasladará los problemas a otro sitio.
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Daniel Eduardo Rivera Basulto, presidente de la Sociedad de Urbanismo de la Zona Metropolitana de Tijuana, considera que el debate no puede reducirse a intervenciones parciales ni decisiones apresuradas.
«Quitar camellones o improvisar soluciones solo traslada el problema y aumenta los riesgos. Lo que necesitamos es infraestructura que ordene los flujos, reduzca accidentes y piense en el conjunto de la ciudad, no solo en quienes cruzan la frontera», señaló.
El especialista indicó que menos del 20% de la población tijuanense cruza regularmente en automóvil hacia Estados Unidos, aunque las filas impactan a toda la ciudad al saturar la Vía Rápida y retrasar los traslados internos.
«Cada peso invertido en infraestructura debe responder a la pregunta: ¿a qué porcentaje de la población beneficia realmente? Resolver la garita es importante, pero Tijuana no puede descuidar sus necesidades internas de transporte público y movilidad cotidiana», enfatizó.
Los urbanistas subrayan que ninguna de las alternativas planteadas (extensión del puente, barreras móviles o redistribución de carriles) puede considerarse una solución definitiva sin estudios de fondo que evalúen sus alcances y consecuencias. Mientras las obras mayores ofrecen la posibilidad de resolver estructuralmente el conflicto, implican fuertes inversiones y posibles afectaciones urbanas. Por su parte, las medidas menores, aunque más rápidas de implementar, dependen de la disciplina ciudadana y de la constancia en la vigilancia.
Los especialistas concluyeron que el problema del acceso a la garita de San Ysidro debe entenderse como parte de un sistema más amplio de movilidad metropolitana, donde la inversión no se limite exclusivamente al cruce fronterizo, sino que garantice seguridad vial, sostenibilidad y beneficios tangibles para la mayoría de los tijuanenses.




