La caída de Santiago Peña: el eslabón roto de la derecha continental
La hegemonía de la derecha en América, impulsada por figuras como Javier Milei, Daniel Noboa, Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella con el apoyo total de Donald Trump, ha comenzado a fisurarse de forma acelerada. Tras el regreso de Lula al poder en Brasil y la reciente derrota electoral del Partido Republicano en los comicios legislativos de Estados Unidos, el mapa político regional sufrió este jueves un golpe definitivo: la renuncia de Santiago Peña a la presidencia de Paraguay.
Peña, catalogado como un aliado estratégico de Trump en Sudamérica tras firmar acuerdos clave como el Estatuto de las Fuerzas (SOFA) y la Junta por la Paz, no pudo sostenerse en el cargo ante el colapso de Ueno Bank. La decisión del Banco Central de congelar las operaciones de esta entidad —la sexta más grande del país— desató una crisis sin precedentes, dejando al 60% de la población adulta sin acceso a sus ahorros y poniendo en riesgo 355 millones de dólares en fondos de pensiones públicos.
Ante esta coyuntura, el pasado martes renunció el titular del Banco Central, Carlos Carvallo, y Peña designó en su lugar al economista Raúl Vera Bogado, con amplia trayectoria en el sector, para encabezar dicha institución, lo que no evitó una crisis de solvencia en una de las principales entidades financieras, vinculada con el gobierno.
El problema para Peña es que antes de su llegada a la Presidencia fue inversionista de la sociedad controladora de Ueno, pero vendió su participación en marzo de 2025. A pesar de ese deslinde, los depósitos del gobierno de Peña en Ueno Bank aumentaron considerablemente desde que asumió el cargo, en 2023, hasta alcanzar alrededor de 5 billones de guaraníes al cierre de junio, equivalentes a 29 por ciento del total de los depósitos de la entidad.
Es decir, poco después de que la entidad obtuviera su licencia bancaria en noviembre de 2023, Ueno Bank comenzó a captar volúmenes masivos de depósitos provenientes de organismos públicos de Paraguay, con Peña ya como presidente de Paraguay.
El escándalo arrastró directamente al mandatario por un evidente conflicto de interés. Aunque, como ya dijimos, Peña vendió sus acciones en la controladora de Ueno en marzo del año pasado, los depósitos de organismos públicos en el banco se dispararon masivamente bajo su gestión, alcanzando el 29% del total de la entidad.
Las sospechas de favorecimiento se agravaron porque Carlos Carvallo, el presidente del Banco Central que debió fiscalizar el riesgo de insolvencia y que renunció esta semana, había sido previamente el director de la financiera Ueno.
Acorralado por la indignación ciudadana y ante la inminencia de un juicio político respaldado no solo por la oposición, sino por su propio partido (el Partido Colorado), Peña formalizó su dimisión. «Quiero pedir disculpas al pueblo si en algún momento he fallado», declaró en un video en la red social X.
«He tomado la decisión de presentar mi renuncia a la presidencia de la República. Lo hago pensando en la estabilidad de nuestro país, en la paz social y en la necesidad de preservar nuestras instituciones democráticas», subrayó el hoy expresidente de Paraguay.
La caída de Santiago Peña no solo sumerge a Paraguay en la incertidumbre institucional y financiera, sino que pareciera que marca el debilitamiento de un eje político que, hasta hace unos meses, parecía invencible en la región.




