El T-MEC ya no es un tratado comercial
Este miércoles arrancan formalmente las negociaciones para la revisión del T-MEC. Y llegan en un momento que obliga a cambiar la manera de leer la relación entre México y Estados Unidos. Todo lo que durante semanas parecía avanzar por carriles distintos —los aranceles, la presión contra los cárteles, las advertencias sobre la influencia china, las investigaciones contra políticos mexicanos, las reuniones de seguridad y los mensajes de la Casa Blanca— hoy desemboca en una sola mesa.
El T-MEC dejó de ser un tratado comercial. O, mejor dicho, dejó de ser solamente eso.
Washington ya no está discutiendo únicamente reglas de origen, porcentajes de contenido regional o exportaciones. Lo que busca es redefinir la relación con México bajo una lógica de seguridad económica. Quién controla las cadenas de suministro, quién frena la entrada de productos chinos por territorio mexicano, quién ofrece certidumbre para las inversiones y quién demuestra que puede contener al crimen organizado.
Ese es el verdadero cambio.
Durante meses insistimos en que ya no existían expedientes separados. Comercio, seguridad, migración y política exterior terminarían mezclándose. Ese momento llegó. La revisión del T-MEC es la confirmación de que, para la administración de Donald Trump, todos esos temas forman parte de una misma negociación.
Por eso conviene seguir de cerca a Jamieson Greer y Howard Lutnick. Son quienes están rediseñando la política comercial estadounidense bajo criterios de seguridad nacional. El mensaje hacia México es claro: el acceso privilegiado al mercado de Estados Unidos dependerá cada vez más de lo que ocurra fuera de las aduanas.
La presidenta Claudia Sheinbaum no enfrentará una simple revisión comercial. En esa mesa se pondrá a prueba la confianza que Washington deposita en México como socio estratégico, vecino y plataforma industrial. El tratado conserva el mismo nombre. Lo que cambió fue la partida.
PIEZAS SUELTAS
La frontera también se gobierna desde los tribunales
Mientras la atención está puesta en el arranque de la revisión del T-MEC, la Suprema Corte de Estados Unidos movió otra pieza que también afecta a México. Al respaldar una política más estricta para el procesamiento de solicitudes de asilo, dejó claro que la política migratoria ya no sólo se decide en la Casa Blanca o en el Congreso. También se está definiendo en los tribunales. Y, como casi siempre ocurre, buena parte de las consecuencias terminan de este lado de la frontera. Más presión para las ciudades mexicanas, más personas esperando y más costos para un país que ni siquiera participó en la decisión. Así de entrelazadas están hoy las agendas de ambos gobiernos.
La revisión comercial comienza antes de empezar…
Mientras muchos siguen viendo noticias aisladas, en Washington ya están armando el rompecabezas completo.
Las órdenes ejecutivas firmadas este lunes por el presidente Donald Trump, sumadas al arranque de la revisión del T-MEC este miércoles, apuntan en una misma dirección. Comercio, seguridad, migración y cadenas de suministro dejaron de ser expedientes separados. Todo empieza a concentrarse en una sola negociación.
En los próximos días quedará claro que el verdadero debate ya no será cuánto exporta México a Estados Unidos, sino qué tan confiable considera Washington a su principal socio y vecino. Ahí se jugará el todo.




