Opinión

Ken Salazar y la factura de una frontera convertida en campo de batalla

Por: Mónica García-Durán | Rompecabezas

Las revelaciones del exembajador Ken Salazar llegan en un momento incómodo para todos: Para Donald Trump, porque cuestionan la eficacia real de una política migratoria basada en la confrontación permanente. Para los demócratas, porque confirman que la Casa Blanca de Joe Biden tardó demasiado en entender el tamaño de la crisis en la frontera. Y para México, porque vuelven a colocar sobre la mesa las sospechas de infiltración del crimen organizado en las estructuras del poder.

Este fin de semana comenzaron a circular “revelaciones” o adelantos de las memorias del diplomático estadunidense relatadas en su libro Borderlands: Mi lucha por una América inclusiva, de la editorial BenBella Books, que se publica oficialmente el 28 de julio.

Y lo más llamativo del libro de Salazar no es la historia de un misterioso “susurrador”, ese empresario cercano a Andrés Manuel López Obrador que, según relata, le confesó la preocupación presidencial por lo que pudiera revelar Ismael “El Mayo” Zambada. Lo verdaderamente revelador es la radiografía que hace de una frontera que terminó convertida en rehén de cálculos políticos de ambos lados.

Salazar reconoce algo que pocos demócratas estuvieron dispuestos a admitir en público: la administración Biden reaccionó tarde. Demasiado tarde. Mientras los cruces irregulares crecían y el tema dominaba la conversación nacional, Washington siguió actuando como si el problema pudiera esperar. Cuando llegaron las medidas más severas, el daño político ya estaba hecho.

Pero el exembajador tampoco compra por completo la narrativa de Trump. Sí, concede que la frontera estaba rebasada, mal equipada y abandonada durante años. Sin embargo, la solución no puede reducirse a muros, redadas y discursos de campaña. Después de una década de polarización, la migración sigue ahí. Los flujos continúan. Las causas que expulsan a millones de personas de sus países tampoco desaparecieron.

Por eso resulta interesante que Salazar plantee una nueva alianza entre Estados Unidos, México y Canadá. Suena ambicioso, incluso idealista, pero parte de una realidad difícil de ignorar: ningún país puede resolver solo un fenómeno que cruza fronteras, economías y sistemas políticos.

Y luego está México. Las referencias a López Obrador y al temor por lo que pudiera declarar el presunto narcoterrorista Ismal “El Mayo” Zambada vuelven a abrir una pregunta incómoda que sigue sin respuesta clara: ¿qué tanto saben realmente las autoridades estadounidenses sobre los vínculos entre el narcotráfico y sectores del poder político mexicano?

Quizá esa sea la revelación más importante del libro. No la identidad del “susurrador”. No las disputas entre Biden y Trump. Sino la confirmación de que la frontera dejó de ser únicamente un problema migratorio. Hoy es también un problema de seguridad, de gobernabilidad y de confianza entre socios que se necesitan más de lo que están dispuestos a admitir.

PIEZAS SUELTAS

La sonrisa diplomática de Vance y la advertencia de fondo

En una entrevista dominical con Univisión, el vicepresidente J.D. Vance habló de México sin estridencias, sin amenazas y sin el tono de campaña que suele acompañar a Donald Trump. Pero detrás de las formas amables apareció un mensaje que vale la pena escuchar con atención.

Washington reconoce que hay cooperación. Reconoce los golpes contra el crimen y los esfuerzos para contener la migración. Sin embargo, también dejó ver que eso ya no basta por sí solo. Lo que la Casa Blanca quiere son resultados visibles y sostenidos.

Quizá esa sea la parte más interesante de la entrevista. Vance no habló como alguien que busca abrir un conflicto con México, sino como alguien que está poniendo condiciones para evitarlo. Es la diferencia entre una advertencia y una amenaza.

Para el gobierno de México y para la presidenta Claudia Sheinbaum el mensaje no es menor. La relación bilateral atraviesa uno de esos momentos en los que la cordialidad pública convive con la presión privada. Hay diálogo, sí. Pero también una expectativa creciente de Washington. Y debemos recordar que cuando las expectativas suben, el margen para los errores suele hacerse mucho más pequeño.

El gusano que hizo más por la cooperación que muchos políticos

Hay algo curioso en esta historia. Mientras Washington y Ciudad de México se enfrascan una y otra vez en disputas por migración, seguridad o comercio, fue un gusano el que terminó recordándoles que hay problemas que no reconocen fronteras.

Los datos más recientes del Departamento de Agricultura (USDA) muestran avances importantes: no se detectaron nuevos casos en las zonas afectadas de Estados Unidos y la estrategia de contención comienza a dar señales de que funciona. Pero detrás de esos números hay algo más relevante. Esto no lo resolvió un discurso ni una conferencia de prensa. Lo resolvió la coordinación con las autoridades de México.

Estados Unidos puso dinero, investigación y producción masiva de moscas estériles. México aportó infraestructura, operación en campo y una instalación clave en Metapa de Domínguez, Chiapas que produce los insectos estériles que pronto aumentará la capacidad de respuesta regional de hasta 100 millones de moscas por semana.

La lección es sencilla: cuando ambos gobiernos trabajan juntos, los resultados llegan. Cuando se dedican a intercambiar culpas, el problema sigue creciendo. A veces un gusano termina enseñando más sobre política pública que muchos políticos profesionales.

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