Académicos ven en el Mundial 2026 una oportunidad para redefinir la narrativa internacional sobre México
Ciudad de México, 20 de junio.- Expertos de la Universidad Iberoamericana (Ibero) consideran que el legado más importante del Mundial de Futbol 2026 es mostrar al mundo “un México que no se limita a los estereotipos de la violencia ni a los filtros sepia del cine”, sino uno que por sobre todo está compuesto por “hospitalidad, diversidad cultural, participación ciudadana y capacidad de encuentro.”
Para Claudia Arruñada, académica de la Licenciatura en Mercadotecnia, ésta es una oportunidad para modificar buena parte de la imagen internacional de México, la que ha estado marcada por narrativas asociadas a la violencia y el narcotráfico.
Ideas
El doctor Alejandro Herrera, guionista y docente del Departamento de Comunicación de la Ibero, indica que la idea de un México desértico, violento, con pobreza, atrasado, peligroso y sin tecnología la ha reforzado con insistencia Hollywood, y ahora con la justa mundial se presenta la oportunidad de modificar ese estereotipo.
En ese sentido precisan es el momento de modificar esa imagen internacional centrada en las referidas narrativas y una estética audiovisual que suele presentar al país bajo filtros amarillentos o tonos sepia, sobre todo en filmes.
Ahora, la experiencia que miles de visitantes están viviendo durante el Mundial 2026 podría contribuir a construir una percepción más amplia y compleja de la realidad mexicana, porque si bien existen diversos retos en el país, esa situación no es totalmente generalizada ni está presente en la intensidad divulgada.
Arruñada, señaló que la convivencia entre aficionados de distintas nacionalidades está generando una imagen del país basada en experiencias directas y no únicamente en representaciones mediáticas.
«Estamos acostumbrados a vernos a través de la mirada del norte global, especialmente de Estados Unidos. Sin embargo, esa no necesariamente es la forma en que todo el mundo percibe a México», explica.
Según la maestra Arruñada, el Mundial está permitiendo contrarrestar parcialmente esas imágenes mediante la experiencia cotidiana de quienes recorren las calles, utilizan el transporte público, conviven con residentes y participan en los festejos espontáneos que se han multiplicado en las ciudades sede.
Fenómeno
Subraya que el Mundial debe entenderse como un fenómeno cultural de gran escala y no únicamente como una competencia deportiva. “Es un evento que permite conocer otras culturas, entender procesos migratorios, observar cómo conviven distintas identidades y encontrar espacios comunes en un contexto mundial cada vez más polarizado».
A su juicio, el torneo ofrece una oportunidad para que personas de distintos países descubran dimensiones de México que normalmente quedan fuera de los titulares internacionales y añade que uno de los elementos que más ha llamado la atención de los visitantes es la capacidad de los mexicanos para construir espacios de celebración incluso en contextos complejos.
«Tenemos una tradición cultural muy particular. Somos una sociedad que encuentra formas de convivir y celebrar incluso cuando enfrenta problemas importantes».
Historia
Lejos de significar indiferencia, señaló, esta característica forma parte de una larga historia cultural que ha aprendido a combinar la alegría colectiva con la conciencia de las dificultades sociales.
La especialista también considera relevante que la conversación pública durante el Mundial no ignore problemáticas como la crisis de desapariciones que enfrenta el país. “No se trata de esconder los problemas ni de presentar una versión idealizada de México. Se trata de comprender que la realidad es mucho más amplia y compleja».
Otro de los fenómenos que ilustra la construcción de esta imagen alternativa es el caso de Merlín, el pato con la playera de la Selección que se ha vuelto viral es la justa futbolística.
«Lo interesante es que son historias que no fueron diseñadas por ninguna campaña oficial. Surgen de la gente y terminan convirtiéndose en símbolos del torneo».
Estos episodios muestran cómo los grandes eventos deportivos terminan siendo apropiados por la ciudadanía, que genera sus propios relatos, espacios y formas de convivencia, subraya.




