Brasil golea 3-0 a Haití y toma la cima del grupo C del Mundial
19 de junio.- Brasil hizo valer el peso de su camiseta. Le costó abrir el marcador, pero, una vez que descifró el camino, cada llegada frente a Haití fue un gol nuevo. Tras el empate del debut, la Canarinha jugaba sin una red de contención: la victoria era la única aduana posible para evitar que Países Bajos u otras potencias europeas dinamitaran su cruce en los dieciseisavos de final. Y cumplió. El 3-0 definitivo, con un doblete de Matheus Cunha, dejó a los brasileños en la cima del Grupo C.
Aunque parece un rival sin experiencia, al conjunto caribeño le sobra pundonor. Sus jugadores compiten como si en cada pelota se les fuera la vida. Ya habían caído ante Escocia, pero volvieron a dejar la certeza de que son una piedra en el zapato de cualquiera. Incómodos, duros y resistentes. La persiana del partido, sin embargo, se bajó temprano: Vinícius Jr., la estrella del Real Madrid, selló la cuenta en el descuento de la primera mitad (45+3).
Como ya es costumbre en su ciclo, el técnico Carlo Ancelotti prescindió de Neymar. Horas antes del partido, el propio presidente Luiz Inácio Lula da Silva se permitió una ironía sobre el delantero del Santos: dijo que es el primer convocado de la historia en modalidad «home office».
En la misma frecuencia, Lula sugirió que, en el futuro, la inteligencia artificial podría diseñar un cuadro brasileño perfecto: «11 Pelés». En el césped, mientras tanto, la realidad era más analógica. A Raphinha le anularon un gol por fuera de juego, una frustración inicial que funcionó como el prólogo exacto de la goleada.
Los dos gritos de Matheus Cunha (23 y 36) y la estocada de Vinícius decretaron la segunda derrota de un Haití estéril en ataque. La única afectación en el plan brasileño fue la salida de Raphinha en el minuto 40. Se retiró reemplazado cuando era, por lejos, el hombre más lúcido de la cancha.
Brasil puso en juego la memoria de sus hombres. Con un promedio de 30 años y 190 días, la selección alineó su 11 más longevo en un Mundial desde la final de 1962 contra Checoslovaquia. Experiencia pura. O acaso el arte de saber envejecer ganando.




