Reunión de seguridad México-EU en medio de las contradicciones de Trump
Hoy viernes, en Ciudad de México, se realiza una reunión bilateral de seguridad que podría decir mucho más sobre el verdadero estado de la relación entre los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Donald Trump que semanas enteras de declaraciones y conferencias de prensa.
A la mesa se espera la participación de funcionarios de seguridad, inteligencia y diplomacia de ambos gobiernos, además del embajador estadounidense Ronald Johnson y del senador republicano con licencia y secretario de Seguridad Nacional en funciones, Markwayne Mullin, considerado uno de los interlocutores más cercanos del presidente Trump en los asuntos relacionados con México.
El encuentro llega en un momento particularmente sensible. A unas horas de que inició el Mundial 2026, Washington mantiene abiertos varios frentes de presión sobre México mientras Trump insiste en un discurso cada vez más duro contra los cárteles, el narcotráfico y la seguridad fronteriza.
Sin embargo, hay un detalle que no pasa desapercibido.
Mientras el presidente estadounidense endurece el tono frente a los micrófonos, sus propios enviados mantienen abiertos los canales de coordinación con el gobierno de Claudia Sheinbaum. No viajan a México para preparar una ruptura. Viajan para hablar de inteligencia, cooperación operativa, combate al crimen organizado y mecanismos conjuntos de seguridad.
Ahí está la contradicción.
Hay otro elemento que vale la pena observar. Mientras el discurso político sube de tono a ambos lados de la frontera, los hechos cuentan una historia distinta. En las últimas horas, el embajador estadounidense Ronald Johnson volvió a insistir en la necesidad de fortalecer la cooperación bilateral en materia de seguridad y destacó la coordinación entre ambos gobiernos para enfrentar amenazas comunes. No es precisamente el lenguaje de una relación rota ni el de dos países encaminados a una confrontación diplomática.
Lo mismo ocurre con el secretario de Estado, Marco Rubio. Lejos de alimentar una narrativa de choque, mantuvo contactos con funcionarios mexicanos para revisar temas de seguridad, migración y combate al tráfico de fentanilo. Visto en conjunto, el mensaje es claro: mientras los discursos públicos suelen responder a cálculos políticos y electorales, los operadores de la relación bilateral siguen trabajando bajo una lógica mucho más pragmática.
Dicho de otra forma, mientras los micrófonos producen titulares, las oficinas de seguridad siguen produciendo acuerdos. Y eso explica por qué la reunión de este viernes genera tanta expectativa: no será una mesa para intercambiar cortesías, sino para medir qué tan profunda es realmente la coordinación entre Washington y Palacio Nacional.
Si uno escucha únicamente los discursos políticos, parecería que la relación bilateral se encuentra al borde de una crisis permanente. Pero si uno observa los movimientos de los funcionarios encargados de la seguridad nacional, el panorama luce muy distinto: ambos gobiernos siguen trabajando porque saben que ninguno puede enfrentar por sí solo problemas como el tráfico de drogas, armas, personas y dinero ilícito.
Por eso la reunión de este viernes importa. No por la fotografía oficial ni por el comunicado final. Importa porque pondrá a prueba qué pesa más en la relación México-Estados Unidos: las amenazas que generan titulares o los intereses compartidos que obligan a ambos gobiernos a seguir sentados en la misma mesa.
PIEZAS SUELTAS
Congreso de EE. UU. deja en el aire una de sus principales armas contra los cárteles
Mientras en México la atención está puesta en el Mundial y en sus conflictos internos, en Washington acaba de ocurrir algo que merece mucha más atención de la que está recibiendo. La Cámara de Representantes rechazó extender los poderes de vigilancia de la Ley FISA, una de las herramientas más importantes que utilizan las agencias estadounidenses para seguir la pista a terroristas, espías y organizaciones criminales extranjeras.
No es un asunto menor para nuestro país. Buena parte de la inteligencia que Estados Unidos recopila sobre cárteles, tráfico de fentanilo y redes financieras vinculadas al crimen organizado pasa por esos mecanismos. Por eso la votación no solo exhibe una fractura política dentro del Congreso; también abre un periodo de incertidumbre en materia de seguridad.
Lo más llamativo es que el golpe no vino de adversarios extranjeros ni de grupos criminales. Vino desde dentro. Washington decidió pelear consigo mismo justo cuando presume cooperación histórica con México. Y cuando la principal potencia del mundo empieza a desconfiar de sus propios instrumentos de inteligencia, conviene prestar atención.
El gusano barrenador cruza otra línea y Washington activa las alarmas
Hay noticias que parecen menores hasta que los gobiernos empiezan a tomar medidas extraordinarias. La autorización de emergencia que otorgó la FDA para tratar el gusano barrenador en perros y gatos pertenece a esa categoría. No se trata únicamente de proteger mascotas: es la señal de que Estados Unidos asume que la amenaza ya no está confinada al campo y que puede extenderse con consecuencias económicas y sanitarias más amplias.
Los primeros casos detectados en Texas y Nuevo México fueron suficientes para que Washington moviera piezas. Cuando una plaga que se creía controlada reaparece después de más de seis décadas, la reacción deja de ser preventiva y se vuelve estratégica.
México haría bien en tomar nota. El gusano barrenador ya provocó cierres, tensiones comerciales y pérdidas para productores ganaderos. Ahora Estados Unidos está elevando el nivel de respuesta. La pregunta no es si el problema existe, sino si las autoridades mexicanas están actuando con la misma urgencia que su principal socio comercial.




