Musa Verde | ¿Ciencia ciudadana?
Las aportaciones, numerosas y continuas, de la ciudadanía a bases de datos como aVerAves —donde se registran avistamientos de aves— e iNaturalist —donde se registra vida silvestre, incluyendo plantas— muestran una preocupación creciente de la población por el ambiente y su mejor conocimiento de la naturaleza que nos rodea. Estas aportaciones son verificadas por expertos regionales que las confirman o rechazan. Esta última medida es importante, pues evita confusiones de identificación entre especies similares a las locales, pero que no ocurren normalmente en los sitios donde fueron reportadas. Sin embargo, he visto que se rechazan aportaciones de expertos de otras áreas que pudieron hacer una identificación de un ave común donde viven, pero rara donde la vieron.
Las aportaciones de la ciudadanía, de los amateurs de la naturaleza, son importantes. La palabra amateur no es derogatoria ni denigrante. Quiere decir ‘amante’, una persona que hace por gusto lo que otras hacen para vivir. Las personas amateurs no son inexpertas, pero, en general, no tienen la profundidad de conocimientos, destrezas o habilidades de los profesionales. Se reconoce y se admira su trabajo y su dedicación. Estas aportaciones han creado un registro menos esporádico de la presencia de especies. Como lo mencioné en el párrafo anterior, también son signo de la mayor preocupación por el ambiente.
Estos registros no discriminan entre amateurs y profesionales. No requieren un control tan estricto como las publicaciones científicas, que pasan por una revisión exhaustiva por pares. Esa es una gran ventaja: los expertos que las validan no se fijan en las credenciales de quienes aportan datos, solo se fijan en la identificación correcta de la especie. Estos registros amateurs también nos registran especies «accidentales» que llegan por única o muy rara vez a un sitio fuera de su rango normal, posiblemente forzadas por inclemencias del tiempo. No es raro encontrarse en estos registros plantas y animales escapados de alguna colección y ahora en la naturaleza. Estas observaciones también son una advertencia inicial a la presencia de especies introducidas que pudieran desplazar a especies locales y perturbar los procesos ecológicos. También pueden ser las primeras evidencias de cambios en el ambiente como consecuencia del cambio climático.
Estas actividades, ¿constituyen ciencia ciudadana? Hacer ciencia no es solo recolectar datos o hacerlo regular y metódicamente. Es una leyenda urbana que en el método científico primero se recolectan datos y después planteamos una hipótesis, una idea a probar bajo ciertos supuestos. Cuando hacemos un experimento en el laboratorio o en el campo, sabemos que debemos contar, medir y manipular. Esto lo hacemos no para confirmar nuestras hipótesis, sino para ponerlas a prueba. Investigamos para buscar las preguntas cuyas respuestas, positivas o negativas, crearán nuevo conocimiento. No hacemos investigación científica si solo describimos y registramos lo que vemos, medimos y manipulamos a nuestro alrededor para confirmar nuestras ideas. El quehacer científico es someter a pruebas rigurosas nuestras observaciones, mediciones y manipulaciones para probar su validez.
¿Existe la ciencia ciudadana? ¿Es un nombre engañoso pero útil para atraer la colaboración de amateurs a contribuir a las bases de datos que reflejan el estado de la naturaleza? ¿Es la búsqueda en internet, auxiliada por algoritmos, de textos, imágenes y videos que confirman nuestras ideas, preconcepciones y prejuicios?
Mi prejuicio profesional como biólogo que trabaja con hipótesis sometidas a pruebas y rechazadas o aceptadas escépticamente me lleva a la conclusión de que la ciencia ciudadana no existe. En algún momento fue el entretenimiento de las clases ociosas, como es el caso de Darwin, o vivir de esa curiosidad, el caso de Alfred Wallace. Sus observaciones, mediciones, manipulaciones e hipótesis llevaron, independientemente, a la teoría de la evolución de las especies por selección natural.
Entiendo las ventajas de cultivar el ego del público al llamar «ciencia ciudadana» a la recolección de datos. Corremos el riesgo real de que este público crea que recolectar datos o explorar en internet es hacer ciencia y, por lo tanto, su opinión es cierta e irrefutable. Características que el trabajo científico no tiene. Aplaudo a quienes nos ayudan en la recolección de datos. No podemos agradecer a cada persona, pero sí acreditamos el uso de esos datos. Me horroriza la creencia de que alimentar prejuicios es ciencia.




