Borges, 40 años en la memoria
El nombre de Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899-Ginebra, 14 de junio de 1986) vuelve a respirar entre pasillos, manuscritos, luces y sombras. En el Centro Cultural Recoleta, en Buenos Aires, Argentina, se inaugurará mañana Borges, ecos de un nombre, una exposición que recorre su vida y obra mediante fotografías, libros, manuscritos y objetos personales. En su centro, como un núcleo secreto, estará la reproducción de la habitación de la calle Maipú: la cama, los muebles, los diplomas, el tigre y esa intimidad donde Borges imaginó tantos laberintos.
En el marco de la exposición Infinita veneración, infinita lástima: 80 años de El Aleph, en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, se presentará Borges y México, una muestra organizada por la embajada de México en Argentina. Prevista para mediados de junio, propone un recorrido íntimo por los vínculos que Borges sostuvo con México.
Por medio de fotografías inéditas, libros de su biblioteca personal y diversos documentos, se reconstruyen las huellas de sus encuentros con figuras claves de la cultura mexicana como Alfonso Reyes, Octavio Paz, Juan Rulfo, Salvador Elizondo y Juan José Arreola. Entre páginas, retratos y memorias, emergen también registros de su diálogo con intelectuales como Javier Wimer. La muestra incorpora, además, la ya emblemática fotografía de Paulina Lavista, en la que Borges aparece en Teotihuacan.
Son en suma dos exposiciones que, desde distintos espejos, devuelven a Borges no sólo al territorio de la literatura, sino también al de la memoria, la amistad y el tiempo compartido.
Uno de los momentos más íntimos de Borges y México será la incorporación de la película Paseos con Borges, realizada por Adolfo García Videla y hoy en proceso de digitalización por la Cineteca Nacional. Filmada durante los viajes de Borges y María Kodama por México, ese registro terminó por ser algo más: el inicio de una amistad.
Las cartas que García Videla envió después –muchas conservadas hoy en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges– dejan ver la cercanía de esos recorridos por Teotihuacan, Chichén Itzá y distintos paisajes. En esas imágenes, tomadas con cámaras de viaje, Borges aparece lejos de toda solemnidad: sonríe, escucha, camina. México le ofreció, por un instante, otra forma de estar en el tiempo.
En la sede de la Fundación, ubicada en Anchorena 1660, el tiempo parece conservarse en silencio. Allí se resguarda su biblioteca: cerca de 3 mil volúmenes con anotaciones, subrayados y huellas de lectura que también llevan la caligrafía de su madre y de María Kodama. Son libros antiguos, algunos del siglo XVIII, preservados bajo condiciones precisas de luz y humedad, como si aún custodiaran su respiración.
A pocos metros se encuentran el archivo y la biblioteca de María Kodama.
La fundación enfrenta ahora un nuevo desafío: la digitalización de su acervo íntimo y monumental, con el fin de preservarlo y abrirlo a investigadores y lectores de todo el mundo, de modo que la obra de Borges continúe su viaje –como sus cuentos– hacia otras lenguas y otros tiempos.
En agosto de 1988, María Kodama constituyó formalmente la Fundación Internacional Jorge Luis Borges con una idea a la vez sencilla y desmesurada: preservar su memoria y sostener su diálogo con el mundo. En 1993 adquirió la casa que hoy funciona como sede y museo, cerca de aquella biblioteca y de aquel jardín en que el escritor concibió Las ruinas circulares.
Hoy, ese legado continúa bajo el cuidado de Victoria Kodama, presidenta, y Mariana Kodama, tesorera, junto con sus hermanos Martín, Matías y María Belén. “Nunca imaginamos estar al frente de esto”, admiten con una mezcla de asombro y responsabilidad. Custodian, sobre todo, una presencia: conservar a Borges no es inmovilizarlo, sino permitir que cada generación lo lea y lo descubra de nuevo.
Para Victoria y Mariana, este aniversario no es sólo una conmemoración: es una forma de continuidad. Hablan de María Kodama con admiración y cercanía; recuerdan sus viajes, las conferencias, las exposiciones y la apertura generosa de sus archivos a lectores e investigadores.
“Ella nunca guardó ese legado para sí misma”, dicen. Tal vez allí resida el sentido de la fundación: mantener viva una obra que aún dialoga con el presente. No buscan un lugar propio en la historia: quieren continuar una tarea de memoria y transmisión.
En octubre, la familia Kodama realizará una donación simbólica a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes como una manera de prolongar la presencia de Borges. La acompañarán con charlas y exposiciones que reactiven esa conversación. España ocupa un lugar esencial en esa memoria.
La intención es simple: que Borges siga viajando, de una orilla a otra, entre bibliotecas, ciudades y lectores.
Victoria y Mariana eligieron este encuentro como la primera entrevista a un medio internacional para anunciar las actividades del 40 aniversario luctuoso de Borges. Desde la fundación, compartieron el programa de exposiciones y homenajes que recorrerán Buenos Aires, México, Madrid y Ginebra.
Quizá la obra no le pertenece ya a nadie. O acaso –como él insinuó– a todos. Y en esa configuración de la memoria, que es también una forma del tiempo, Borges sigue escribiendo.



