Opinión

Musa Verde | Paisajes

Por: Horacio de la Cueva

Hace unos días recibí una pregunta de Maura Alemán con la que reflexiono con quien se atreva a leer estas líneas: “¿Qué elementos vuelven ecológicamente sensibles a un territorio más allá de lo que suele percibirse a simple vista, y qué consideraciones le parecerían importantes para aproximarse a esos paisajes con mayor cuidado?” Continúa: “Me interesa pensar estos territorios no solo como paisaje, sino como espacios vivos, vulnerables y cargados de relaciones ecológicas complejas, y pensé que su perspectiva podría ser muy valiosa para reflexionar sobre esa dimensión del proyecto con mayor precisión”. Maura tiene un proyecto sonoro sobre paisajes, asociado a Rinforzando Música, academia de violín y viola, y plataforma independiente de investigación y creación sonora.

Mi primera pregunta para responder sobre cómo aproximarse a un paisaje fue: ¿Cómo entiendes qué es un paisaje? Los paisajes son una conjunción de elementos visuales, sonoros, táctiles y olfativos que nos dejan una impresión inmediata y una memoria. Un paisaje es un área grande, compuesta por elementos espaciales más pequeños, integrados o interdigitados. Es raro que exista un límite claro de dónde empieza y acaba el paisaje y qué hábitats son los que lo delimitan.

Esa totalidad del paisaje está más allá de nuestra comprensión; estudiamos porciones para tratar de entender la totalidad. En ciencia, además, queremos saber cómo y por qué cambian o se mantienen, más allá de un hábitat en particular. Ilustración debatible de un paisaje: el arrecife de coral es el hábitat; el paisaje es el arrecife, sus habitantes y el océano que lo rodea y aísla. Por el océano llegan los nutrientes y las enfermedades; también en él se dispersan las larvas.

Cuando pienso en paisajes, vienen a mi mente los pintores paisajistas, como el mexicano José María Velasco Gómez Obregón. En las pinturas paisajísticas, la hora del día —la luz y las sombras— imprime diferentes sentidos en nuestra imaginación.

Hay ecosistemas y paisajes que dependen de un elemento clave; su ausencia cambia la forma y el funcionamiento, generalmente hacia un sistema más simple y menos resiliente (con capacidad para recuperarse). Las estrellas de mar en los bosques de Macrocystis (kelp) se alimentan de erizos, impidiendo que estos acaben con el ecosistema y permitiendo que el bosque prospere como fuente de oxígeno y alimento, y sea refugio para un sinnúmero de especies. Un bosque de kelp es parte de un paisaje rico, variado y dinámico. Un ecosistema devastado por los erizos se vuelve un paisaje submarino desierto.

¿Son vulnerables los paisajes? La respuesta puede ser prejuiciada y subjetiva si consideramos que cualquier intrusión humana los afecta negativamente. Paremos un momento a reflexionar. Las interacciones, los contactos entre humanos y paisajes en el continente americano no tienen más de quince mil años desde la última glaciación, y los europeos llegaron hace unos quinientos años. Los efectos sobre los paisajes son variados. Podemos atribuir la extinción de la megafauna en la parte norte del continente a la entrada de los humanos por el estrecho de Bering.

Una vez que los humanos se asentaron en la costa oeste de Norteamérica, su manejo del fuego mantuvo la biodiversidad de estos paisajes. La política actual de supresión y control de fuegos en los ecosistemas mediterráneos de California y Baja California ha destruido paisajes y poblados. Los paisajes de la Sierra de San Pedro Mártir se han mantenido sanos porque no ha funcionado la política de supresión, y la diversidad de edades del paisaje regula de forma natural los fuegos. El fuego es parte esencial de la vegetación de estos paisajes y ecosistemas. Sin fuegos naturales, estos paisajes son vulnerables y pueden autodestruirse. Los fuegos grandes y calientes dan pie a cambios en la estructura y composición del paisaje. Una diferencia entre los bosques abiertos de Baja California y los tupidos de California es que nuestros paisajes son como los que conocían los nativos y registraron los exploradores; en California los incendios son devastadores.

Los paisajes antropizados (modificados por humanos), como las chinampas de Xochimilco o la salinera de Guerrero Negro, han aumentado la riqueza de especies y afectado positivamente a la biodiversidad.

¿Cómo acercarnos a los paisajes? Lo dicen en muchas veredas cuando empiezas a pasearte: solo deja tus huellas, pero llévate memorias. Disfruta el paisaje y date cuenta de que el conjunto de paisajes hace a nuestro planeta.

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