Opinión

La neta y la deficiencia de vitamina D

Por: Enrique Camacho Beltrán* | El Escuchón

Fui a la universidad a impartir un tallercito y escuché a una estudiante platicarle a su amiga sobre la decepción que sufrió con un chico. Aparentemente todo iba súper bien, porque el chico era brillante, considerado, la escuchaba, trabajaba mientras estudiaba, se ejercitaba, no se pasaba con las copas ni usaba otras sustancias. Un partidazo. El problema es que casualmente comentó que le estaba escribiendo la tesis a fulanito por una lana. Ella no sabía explicar por qué, pero al saber eso, sintió pena ajena y se alejó. No era que él cometiera faltas académicas para beneficiar sus propias calificaciones. Al contrario, por lo que escuché, el chico era muy buen estudiante. Pero en palabras de ella, algo perdió brillo en la relación porque al confrontarlo, el chico le dijo que era la primera y única vez que lo hacía por una urgencia. Pero al preguntar por ahí, resultó que el chico es bien conocido por elaborar trabajos y tesis por pedido. La amiga, más pragmática, trataba de normalizar y minimizar la falta animando a su amiga a pasarlo por alto y disfrutar de la relación. Después de todo, el chico le había dicho la neta a ella.

Me sorprendió mucho que, por más que la conversación duró lo que la marcha que pedí, la chica nunca logró explicar por qué la falta de honestidad académica del chico le parecía suficiente para terminar la relación; pero para ella una línea intolerable se había cruzado. Inmediatamente me vino a la mente otro caso que mostraba similarmente el cruce de una línea intolerable: una funcionaria de Palacio fue captada abriendo la ventana de su oficina para recibir los rayos del sol en sus extremidades. La prensa se lanzó sobre ella, pero no quedaba claro por qué. ¿Qué había de malo en que algún trabajador o funcionario, en su descanso, busque los rayos del astro rey? ¿Debería prohibirse que los mexicanos con deficiencia de vitamina D busquen sintetizar el compuesto en edificios públicos o solo las mujeres? ¿O solo mediante las piernas?

El problema es que, en vez de exhibir el pudor moralino de los críticos, todo el aparato de comunicación social del Estado mexicano, sin más, ¡lo compartió! Los canales oficiales del gobierno de México se apresuraron a mentir, sentenciando que se trataba de una imagen de inteligencia artificial, y hasta en la mañanera se evadieron nerviosamente las preguntas. Al final, ante la evidencia, los propios medios oficiales tuvieron que reconocer su falsedad, tras una operación densa en redes sociales y medios reduciendo el incidente a una mera equivocación. Pero ¿cómo minimizar la mentira como acto reflejo del Estado? Todos vimos cómo sí, el músculo gubernamental, reaccionara de inmediato con anticuerpos de mentiras, engaños, descalificaciones y minimizaciones ante casi cualquier cosa que pudiera ser percibida como una crítica contra el gobierno (incluso contra unas inocentes piernitas con deficiencia vitamínica). En efecto, parece que reacciones similares se han documentado recientemente en la prensa con respecto a los reportes de un descomunal derrame de hidrocarburo en el golfo y con múltiples reportes de hackeo a distintas instancias del gobierno local y federal. Eso sin mencionar el caso del Tren Interoceánico, el hundimiento de los soportes del Tren Maya, las deudas de Pemex, el estado de la economía y un largo etcétera.

La consultora SPIN ya le había contabilizado 61 000 mentiras o engaños al expresidente López Obrador en su tercer año de gobierno, y por lo que va de esta administración, parece que la Cuarta Transformación sigue presionando por una reducción sostenida de la calidad de la información que transmite el gobierno. Frente a esto, hay una parte de la ciudadanía que reacciona como la amiga: todos los gobiernos mienten, pero este nos beneficia ahorita, así que ¿qué importa? Disfrutemos de los beneficios mientras se pueda y mientras sale algo mejor. Otra parte de la ciudadanía son como la chica: quizás no sepan por qué está mal, pero son dueños de un ethos mediante el cual identifican que una línea intolerable ha sido cruzada.

El futuro de todos los mexicanos pende, creo, de saber cuántos están de un lado o del otro. Si suficientes personas están dispuestas a seguir confiando su seguridad y futuro a un gobierno que miente en automático, temo que el brillo de la transformación, como el de la relación de la chica, se haya evaporado.

*Investigador de la Estación Noroeste de Investigación y Docencia del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
@KikeCamach

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