¿Quién mantiene al país? Menos de los que usted cree
México es un país de más de 123 millones de habitantes, pero su estructura fiscal revela una verdad que pocos quieren decir en voz alta: el Estado no se sostiene entre todos. Aunque somos una nación numerosa, la carga económica del financiamiento público descansa en un grupo reducido y cada vez más presionado. De la población total, solo entre 25 y 30 millones de personas aportan de manera efectiva y regular al gasto público mediante el pago de impuestos y cuotas de seguridad social. Son los trabajadores formales, los profesionistas registrados y las empresas que cumplen. Ellos sostienen —casi en solitario— salud, educación, seguridad, infraestructura y programas sociales.
La mayoría de los mexicanos no contribuye directamente al sostenimiento fiscal. No por desinterés o irresponsabilidad individual, sino por un problema estructural que el propio Estado ha tolerado durante décadas. Más de 35 millones de personas sobreviven en la informalidad: trabajan, producen, venden y consumen, pero lo hacen fuera del sistema. Pagan IVA cuando compran, sí, pero no aportan ISR ni cuotas que permitan financiar al Estado de manera estable. Son parte de una economía paralela enorme, funcional para el consumo, pero inútil para la planeación fiscal. El Estado depende de ellos políticamente, pero no logra incorporarlos económicamente.
A esta realidad se suma la Población No Económicamente Activa, que ronda los 41.5 millones de personas. Estudiantes, amas de casa, jubilados, personas con discapacidad, cuidadores no remunerados y quienes no buscan empleo forman parte esencial del tejido social, pero no del engranaje tributario. A ellos se agregan cerca de 19 millones de menores de edad, que evidentemente no pueden ser considerados contribuyentes. El resultado es brutal: aproximadamente 95 millones de personas en México no aportan impuestos directos al sostenimiento del Estado.
Esto no significa que “no hagan nada”. Significa algo peor para las finanzas públicas: el país funciona con una base fiscal mínima. La estabilidad financiera depende de un grupo minoritario de contribuyentes cautivos, siempre visibles, siempre fiscalizables, siempre disponibles para cargar con nuevos impuestos, nuevas cuotas y nuevas obligaciones. Es sobre los mismos hombros sobre los que se descarga cualquier reforma, cualquier déficit y cualquier expansión del gasto.
Aquí surge el verdadero problema estructural. Un Estado que promete más derechos, más programas, más subsidios y mejores servicios, pero que no amplía su base contributiva, se vuelve fiscalmente frágil. México presume políticas sociales ambiciosas, pero mantiene una recaudación baja y una informalidad crónica. Como porcentaje del PIB, la recaudación sigue siendo de las más bajas de América Latina. No es una falla administrativa menor; es una contradicción de fondo.
El debate público insiste en preguntar cuánto gasta el gobierno y en qué lo gasta. Rara vez se plantea la pregunta incómoda: ¿quién paga realmente todo eso? Cuando se observa que apenas 25 o 30 millones sostienen a más de 123 millones, la discusión cambia de naturaleza. Ya no es ideológica, es matemática. Ningún modelo fiscal es sostenible si descansa sobre tan pocos contribuyentes, por más discursos redistributivos que se pronuncien.
Ampliar la base formal no es una obsesión tecnocrática ni una exigencia empresarial. Es una necesidad de supervivencia fiscal. Implica combatir la informalidad en serio, no con retórica; crear incentivos reales para formalizarse; simplificar el sistema tributario; reducir costos de cumplimiento y ofrecer servicios públicos que justifiquen el esfuerzo contributivo. Implica, también, aceptar una verdad incómoda: el gasto público no puede crecer indefinidamente si siempre lo pagan los mismos.
México enfrenta una conversación que ha evitado demasiado tiempo. No todos sostienen al Estado por igual, y fingir que así ocurre solo distorsiona el debate. Mientras no se diga con claridad quién paga y quién no, cualquier reforma fiscal, laboral o social será incompleta y financieramente endeble. El país no se mantiene solo. Lo sostienen pocos. Mucho menos de los que usted cree. ¿O usted qué opina?
Se vale replicar.
La base
La columna “El arte de conversar – ¿Quién mantiene al país? Menos de los que usted cree” aborda uno de los temas menos discutidos y más determinantes del debate público mexicano: la concentración real de la carga fiscal del Estado en un grupo reducido de contribuyentes, en un contexto de alta informalidad y baja recaudación estructural.
El texto parte de datos demográficos y laborales ampliamente conocidos, pero los articula desde una pregunta incómoda que rara vez se formula con claridad: ¿quién paga efectivamente el funcionamiento del Estado? Al desplazar el debate del terreno ideológico al plano matemático y estructural, la columna invita al lector a repensar nociones arraigadas sobre justicia fiscal, gasto público y sostenibilidad de las políticas sociales.
Su pertinencia es actual y relevante. En un momento en el que se discuten reformas laborales, ampliación de derechos sociales, aumento del gasto público y nuevas obligaciones para empresas y trabajadores formales, resulta indispensable visibilizar que la base contributiva no ha crecido al mismo ritmo que las expectativas de gasto.
La columna no estigmatiza ni criminaliza a quienes se encuentran fuera de la formalidad. Subraya que se trata de un problema estructural tolerado por el propio Estado y plantea la necesidad de políticas públicas que incentiven la formalización sin castigar sistemáticamente a quienes ya cumplen. El tono es crítico, pero argumentado; incómodo, pero responsable.
Desde el punto de vista editorial, el texto busca provocar reflexión y conversación, no imponer conclusiones cerradas. Se inscribe en una tradición de análisis que cuestiona consensos aparentes y pone sobre la mesa los costos ocultos de decisiones públicas populares pero financieramente frágiles. El cierre abierto refuerza su vocación dialógica y su utilidad como detonador de debate.
Por su claridad, actualidad y enfoque estructural, esta columna resulta pertinente para lectores interesados en temas económicos, laborales, fiscales y de política pública, así como para un público general que busca comprender quién sostiene realmente al país y por qué ese dato importa.




