Opinión

Rompecabezas | Canadá y EU afinan su pacto del acero; México, aún en consulta

Por: Mónica García Durán

·      Mientras Washington y Ottawa avanzan en un acuerdo bilateral sobre metales y energía, Marcelo Ebrard defiende la continuidad del T-MEC y asegura un “90% de avance” en negociaciones con la administración Trump.

Este martes, dos escenas simultáneas revelaron la distancia entre la narrativa mexicana y los movimientos reales en América del Norte: Entre Ottawa y Washington, el diario Globe and Mail —citado por la agencia Reuters—, adelantó que Estados Unidos y Canadá ultiman un acuerdo bilateral sobre acero, aluminio y energía, que podría firmarse durante la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) a realizarse en Corea del Sur el 29 y 30 de octubre.

Mientras tanto, en Ciudad de México, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, compareció ante la Cámara de Diputados para asegurar que la negociación con Washington registra “un avance de alrededor del 90%” y que el T-MEC seguirá siendo trilateral.

Dos discursos, una diferencia crucial: mientras los socios del norte cierran compromisos concretos, México aún consulta.

Según Globe and Mail, el acuerdo prevé que Canadá acepte cuotas sobre el acero a cambio de una reducción arancelaria por parte de Estados Unidos, aunque los temas sensibles —automóviles y madera blanda— quedan fuera de la negociación.

Fuentes citadas por el diario señalaron que los minerales críticos tampoco están sobre la mesa, reflejando el interés estadounidense por reservar su control en sectores estratégicos.

De acuerdo con reportes de prensa, el primer ministro Mark Carney, tras reunirse con Donald Trump en Washington, describió el encuentro como una “reunión de mentes”. Una frase diplomática, pero reveladora: ambos gobiernos ajustan su cooperación industrial sin esperar el calendario trilateral.

La decisión de avanzar de manera bilateral da aire a sus industrias y reafirma la tendencia regional hacia acuerdos a la medida, una lógica de pragmatismo que deja a México en posición de espectador.

México: el 90% de optimismo

En su comparecencia ante legisladores, Ebrard defendió la estabilidad del T-MEC y explicó que “las señales políticas y procesales apuntan a que el tratado seguirá siendo trilateral”. Reconoció que el 10% restante de las negociaciones pendientes se concentra en los sectores más conflictivos: acero, aluminio y energía.

Precisamente los mismos que Estados Unidos está resolviendo directamente con Canadá.

El canciller en funciones económicas afirmó que México ya presentó distintas alternativas a Washington y que espera una respuesta “en los próximos días”.

El tono fue técnico, cuidadoso y optimista. Pero detrás del lenguaje diplomático asoma una realidad incómoda: México sigue negociando su lugar, mientras sus socios reconfiguran el mapa sin esperar.

La posible firma del acuerdo Estados Unidos–Canadá en la cumbre de APEC colocaría a México en una posición de vulnerabilidad política.

Trump ha insistido en que el T-MEC podría fragmentarse en acuerdos bilaterales, lo que reduciría la capacidad de negociación mexicana y ampliaría la dependencia sectorial.

Si Canadá obtiene un marco de preferencias específico, México enfrentará presiones dobles: una competencia comercial más ajustada en metales y energía, y un entorno político en el que las decisiones relevantes se toman al norte del Río Bravo.

En ese contexto, el 90% de avance que presume Ebrard luce más como una cifra de contención política que un logro económico real.

Entre la diplomacia y la realidad

México insiste en mantener el formato trilateral, pero la práctica muestra otra cosa: el eje del acuerdo se está reacomodando.

Washington y Ottawa mueven fichas rápidas y selectivas; México, en cambio, responde con declaraciones que buscan mantener la calma del mercado interno y la narrativa de estabilidad.

La diplomacia mexicana sigue apostando por la prudencia, aunque el tablero comercial norteamericano avanza a ritmo propio.

El riesgo es claro: que cuando llegue la revisión formal del T-MEC, en 2026, las reglas ya estén definidas sin que México haya tenido voz plena.

En un continente donde la política económica se mide por resultados tangibles, la paciencia puede convertirse en aislamiento.

Mientras Canadá y Estados Unidos consolidan un entendimiento pragmático sobre acero y energía, México sigue confiando en que el tratado trilateral se sostendrá por inercia. Pero el norte se mueve rápido, y quien se queda en consulta puede descubrir que el tablero cambió cuando ya era tarde para negociar.

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