Musa Verde | Sociedad y ambiente
La sociedad y el ambiente son conceptos muy amplios, también lo son sus intersecciones, interacciones y conflictos. A pesar de ese gran abanico de temas, podemos concentrarnos en las percepciones sociales del ambiente y el uso de estas percepciones para la explotación, el desarrollo sustentable y la conservación del ambiente.
Para tratar este tema tenemos que suponer una sociedad homogénea, aunque sabemos que la interacción con el ambiente depende del poder adquisitivo de una persona o una familia. Las personas con mayor poder adquisitivo tienen un impacto o “huella ecológica”grande por la cantidad de bienes que consumen y por los costos de producción y transporte de estos. Las personas marginadas toman del ambiente lo que sea necesario para sobrevivir. Es fácil y simplista acusarlos de abuso del ambiente cuando el resto de la sociedad no les brinda ni la protección ni los instrumentos para que usen su entorno sustentablemente; sustentabilidad que no exigimos a los de mayor poder adquisitivo, que se puede jactar de darse el lujo de comportamientos más compatibles con la sustentabilidad, pero opcionales.
Es más difícil que se acepte una característica fundamental sobre el ambiente. Hay dos paradigmas de su naturaleza. Hay quien lo considera resiliente —resistente a nuestros embates y con capacidad de recuperación—, hay quien lo considera frágil o endeble—debemos cuidarlo, protegerlo y hasta adorarlo— porque una vez roto no se puede restaurar, afectando negativamente nuestras vidas.
Ambos paradigmas tienen ejemplos, tristemente simplistas, de su concepción de la naturaleza que les ayudan a proponer y defender posiciones radicales de desarrollo o conservación. El ambiente es diverso y ni tan frágil como les gustaría a unos ni tan resiliente como lo esperarían otros. El ambiente no es uno solo, es un conjunto rico y complejo de espacios que van de los mares abisales a las cimas de los Himalayas; todos con vida. Esta diversidad de ambientes nos debe dar a entender que ni conocemos todos los ambientes ni conocemos sus limites de resiliencia o fragilidad.
Para evitar que acabemos con ambientes frágiles, concebimos el principio precautorio, si no se conoce o no se tiene suficiente información para determinar si habrá un daño ambiental, no se debe proceder con el desarrollo. Siempre puede haber un mal insospechado, pero sólo debemos utilizar lo que ya sabemos que pudiera pasar o ha pasado en circunstancias similares.
Las interacciones entre la sociedad y el ambiente son constantes y algunas permanentes. Volvemos aquí a los conceptos de servicios ambientales o, alternativamente, a los bienes y recursos que la naturaleza nos provee. Ninguno de los dos conceptos transmite que no son dádivas de la naturaleza hacia nosotros, sino resultados de procesos naturales.
Algunos de estos resultados son tan cotidianos que no los tomamos en cuenta. El Agus y el aire que respiramos son ubicuos y son bienes que nos esforzamos en contaminar y que nunca hacemos suficientes esfuerzos para mantener limpios; polinización por abejas nativas o cultivadas para nuestros alimentos; fertilidad del suelo a través de las bacterias nitrificantes; fotosíntesis que nos da oxígeno y es lo que hace a las plantas que se vuelven alimentos para nosotros y otros animales de los cuales nos alimentamos; los combustibles fósiles y alternativos que impulsan nuestra economía; la capa de ozono en la atmósfera previene que los rayos ultravioleta sean una causa mayor de mutaciones en nuestras células; las surgencias marinas que nos dan las pesquerías que generan riqueza y alimentos; los recursos maderables que nos proveen de material para construcción, papel y mobiliario y almacenan el CO2 producto de la quema de combustibles fósiles; los productos no maderables aprovechados por comunidades para venta en los mercados nacional e internacional; las medicinas naturales y los productos farmacéuticos que usamos todos los día; los incendios naturales que mantienen funcionando a nuestros ecosistemas mediterráneos; etcétera.
Dependemos de la naturaleza y todo indica que nos esforzamos en destruirla. Por nuestro bien y en favor del desarrollo sustentable que garantice nuestra supervivencia por muchas generaciones y por la continuidad de los procesos naturales debemos cuidarla y respetarla no sólo a través legislación que nos guíe y controle. Sobre todo debemos cambiar nuestra forma de vida para reducir nuestro impacto sobre la naturaleza de la cual dependemos.




