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México

Laberinto Yo’eme, radiografía muy precisa de la guerra de exterminio contra yaquis: Sergi Pedro Ros

Por: José Juan de Ávila

El cineasta Sergi Pedro Ros está consciente de que su documental Laberinto Yo’eme (2019) es como la defensa que hace el pueblo yaqui de su tierra frente a los distintos gobiernos y el crimen organizado: una lucha de David contra Goliath, pero espera que el largometraje mueva a la empatía del resto del país hacia la etnia al presentar “una radiografía muy precisa de la guerra de exterminio” en su contra.

“Parece que los pueblos indígenas sólo gustan en México cuando bailan, pero no cuando defienden su territorio y sus derechos”, señala el realizador nacido en Valencia, España, sobre su ópera prima, que después de su paso por varios festivales en el mundo desde 2019 se exhibió comercialmente en el país.

Desde que comenzó a rodar el largometraje en 2016 hasta el estreno en Cineteca Nacional en julio pasado, han sido asesinados al menos seis miembros de la tribu que participaron en el documental, entre ellos los dirigentes y medioambientalistas Tomás Rojo Valencia, desaparecido en mayo pasado y cuyos restos se hallaron a mediados de junio, y Luis Urbano Domínguez Mendoza, acribillado el 9 de junio cuando salía de un banco en Ciudad Obregón, Sonora. Otros 10 miembros de la etnia en Loma de Bácum fueron secuestrados desde el 14 de julio y apenas la semana pasada aparecieron los restos de 5.

“Lamentablemente, en el territorio yaqui se está e está viviendo una guerra y un intento de exterminio contra los miembros de la tribu. Una semana antes de que asesinaran a Luis Urbano tuve una larga conversación con él y sus palabras textuales fueron que con Laberinto Yo’eme habíamos hecho una radiografía muy precisa de lo que estaba sucediendo en la tribu. Y así es, contamos cómo están arrinconándolos con una serie de violencias constantes contra la tribu. Y el resultado es: asesinatos constantes, desapariciones, violencia sistemática”, comenta el documentalista en entrevista.

El 28 de septiembre, en Vicam Pueblo, Sonora, el presidente Andrés Manuel López Obrador pidió perdón al pueblo yaqui a nombre del Estado mexicano por los agravios y abusos sufridos desde el Porfiriato. Ahí, invitado al acto, Cuauhtémoc Cárdenas instó al mandatario a, como exige la etnia, cancelar el Acueducto Independencia, que se lleva ilegalmente el agua del río Yaqui a Hermosillo.

Apenas un día antes, la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora confirmó que los restos óseos localizados en el cerro Chichiquelite, en el municipio de Cajeme, corresponden a Fabián Sombra Miranda, Braulio Pérez Sol, Heladio Molina Zavala, Martín Hurtado Flores y Fabián Valencia Romero, 5 de los 7 yaquis secuestrados, junto a otras 3 personas, por un comando en Bácum el 14 de julio.

–Su documental se enfoca en la tribu yaqui, pero no se contrasta la versión de autoridades; se habla del “gobierno mexicano”, sin precisar, no sabemos quiénes son los responsables. ¿Por qué?

–Quisimos crear un antagonista que no estuviera presente en la película y se creara de alguna manera en la conciencia y en la mente del espectador. Obviamente, cuando decimos gobierno mexicano, nos referimos a los tres órdenes (federal, estatal y municipal) porque todos ellos participan en el despojo de las aguas del río Yaqui y en el sistema criminal que se está llevando a cabo en el territorio yaqui. No hay gobierno ajeno a lo que está sucediendo y queríamos plantear justo eso; un enemigo que no es sólo el gobierno, sino también el crimen organizado, que tiene múltiples facetas. No queríamos personalizarlo en una figura en particular, porque las figuras cambian, pero el enemigo es sistémico.

–¿No se descontextualiza? El documental se rodó durante el gobierno  de Enrique  Peña, a nivel federal, y de Claudia Pavlovich como gobernadora, aunque los asesinatos de Rojo y Luis Urbano se dan en la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, cuya visión del conflicto es otra.

–No, de hecho, al contrario. Aunque cambien las figuras y las administraciones, los yaquis siguen viviendo una guerra de exterminio. A las pruebas me remito: en 2010 mandaba el PAN en Sonora y el gobierno de Guillermo Padrés Elías construyó un acueducto que está declarado ilegal por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y que debe ser desmantelado, y ni siquiera el gobierno de Peña Nieto, del PRI, ni el de López Obrador, de Morena, están desmontando el acueducto. Las administraciones pasan y los problemas se mantienen y se acrecientan, de tal manera que el documental es totalmente vigente.

“Fue un acierto plantear a ese enemigo que no tiene rostro. Como los mismos yaquis dicen, que administración tras administración mantienen vigente esa guerra de exterminio, ese genocidio contra la tribu  yaqui. Así que una de las cosas de las que me siento más orgulloso es haber decidido plantear este enemigo sin rostro y no haber particularizado esta administración o esta otra”,

–¿Cómo se sale de ese laberinto? ¿Cuál es la salida que plantea su documental?

–Aquí las preguntas son más importantes que las respuestas. Si algo se plantea a nivel narrativo, formal, en el filme, es justo eso. Y que la búsqueda y el transitar y el recorrer ese laberinto es lo más importante. Porque el mantenerse activo, de frente ante estas agresiones, es lo que hace que los yaquis pervivan, esa cuestión que ellos siempre están tratando de encontrar la mejor manera para responder a todo lo que les está pasando, es uno de los elementos positivos que los mantiene firmes.

–¿Cuáles serían esas preguntas?

–Yo me pregunto por qué está viviendo esto la tribu. Por qué en Ciudad Obregón, que está a media hora al sur del territorio yaqui, las casas sí tienen agua y sí se puede acceder al agua potable, y en territorio yaqui, no. Quizás ahí la respuesta tenga que ver mucho con el odio y con el racismo. Por ejemplo, me pregunto por qué está existiendo esta guerra de exterminio contra la tribu cuando al mismo tiempo los mensajes son de paz y de integración, y de llevarse con los pueblos indígenas, etcétera. Parece que los pueblos gustan cuando bailan pero no cuando defienden su territorio y sus derechos humanos o el agua. Es necesario que nos empecemos a replantear por qué se está maltratando de esta manera a los yaquis, a lo mejor a las élites políticas y económicas blancas no les termina de gustar tener que negociar con yaquis, con pueblos originarios, con indígenas, a la hora de hacer megaproyectos o repartirse el agua.

–El crimen organizado, la introducción de la droga en una comunidad indígena y los estragos que ocasiona en esta, son novedades que plantea su documental. ¿Cómo llegó a éstas?

–Es compleja, bastante complicada esa parte. Fue lo primero que conocí, pero evidentemente es un tema de los más delicados en la película y mira que se tratan temas bastante delicaditos. Hubo todo un trabajo de cuidado, de acercamiento, de estudio al respecto, de cómo deberíamos trasladar el tema a la película y de quién nos tendría que contar y hablar de él. Finalmente una de las decisiones –y creo de manera acertada– fue que solo personas que vivían los problemas en sus propias carnes estaban legitimados para hablar de ellos. Conocimos a muchas personas y ellos mismos se ofrecieron a hablar.

–Hay una afirmación de que la droga tiene al “gobierno” (no se especifica cuál) detrás en esta guerra de exterminio. ¿Usted constató eso?

–Es un poco difícil de constatar pero es el sentir popular, y nadie en este país duda que hay una gran connivencia entre autoridades y crimen organizado, de hecho en algunas ocasiones puede que no coman juntos porque son las mismas personas. Es bastante fácil de entender esto, ya que la droga es uno de los negocios ilícitos que más dinero mueve a nivel mundial, no es casual que la droga aparezca en determinados lugares, estos negocios que son tan grandes no se mueven por la casualidad, ni solitos.

–Pero aquí la diferencia es el propósito, los testimonios apuntan al exterminio para apropiarse del territorio.

–Bueno, los yaquis lo comentan muchísimo. De hecho, una de las personas que están consumiendo droga afirma que fue su padre, polícía federal, quien le acercó a la droga, quien la vendía en el pueblo. Hay  un montón de testimonios de personas que han visto cómo su territorio se inunda  de drogas, con la connivencia de la policía. Los yaquis sienten que hay toda una estrategia por parte de los distintos gobiernos de exterminio contra la tribu y que la droga es un elemento más para poder exterminarlos. La droga aparece al mismo tiempo que el acueducto Independencia y que se desatan todas las luchas. Y tenemos un montón de ejemplos de estos en la historia: el crack, con las Panteras Negras; la heroína y el País Vasco cuando ETA daba sus primeros pasos… Hay un montón de historias donde las drogas fungen con un papel político importantísimo, y este no es un caso distinto.

“Las cosas no suceden al azar, ¿que de repente llega por casualidad metanfetamina a territorio yaqui? Pues no. Y eso está totalmente relacionado con los asesinatos de Luis Urbano y Tomás Rojo y las desapariciones de personas de la comunidad de Loma de Bácum y la introducción de fosas clandestinas y de asesinatos al interior de la tribu. Están haciendo del territorio yaqui un lugar totalmente inseguro donde las personas que viven ahí tienen que sentir miedo de salir a la calle, de ir a acarrear animales, de hacer fiestas. No, esto no es para nada una cuestión que esté dejada al azar ni muchísimo menos”.

–Usted llevó la película a la tribu. ¿Alcanzaron a verla Rojo y Luis Urbano?

Sí, por supuesto. Estaban felices y orgullosos de todo lo que habíamos hecho; felices de ver el resultado. Y sin duda ellos sentían y pensaban que esta película iba a servir muchísimo, que iba a ser muy importante para la lucha que ellos llevan a cabo, para la defensa de la tierra y el agua.

–La fotografía se hizo en condiciones climáticas extremas. ¿Cómo fue el trabajo con Gutiérrez Miranda?

–Sí, condiciones climáticas muy duras, estábamos a 50 grados todos los días, fue un rodaje muy pesado a ese nivel. Y con César Gutiérrez Miranda, el director de fotografía, estuvimos trabajando muchísimo previo a los rodajes; pensábamos cómo iba a ser la narrativa y ajustábamos para que la dirección de fotografía estuviera al servicio de la película. Pensábamos en estéticas diferenciadas cuando hablábamos de los problemas que enfrenta la tribu yaqui  y cuando mostrábamos la fuerza y la potencia cultural de la tribu, de tal manera que planteamos una fotografía ciento por ciento con luz natural, en la que no se puso ni  un foco en toda la película. Queríamos aprovechar eso, la esencia del desierto, de la tribu yaqui, de sus rostros, de sus  cuerpos, de esas miradas que tienen la naturalidad con la que se desempeñan ellos. Tratamos de captar su esencia de la mejor manera a través de la puesta en cámara y de la puesta en escena, por qué no decirlo, porque este documental tiene una puesta en escena.

–¿Ha pensado que si la película se hubiese estrenado tiempo atrás estas vidas que se perdieron…?

–No, para nada, la película se estrenó en 2019 en festivales de cine mexicanos, y ha estado rodando todos estos años. Tomás Rojo vino a presentarla al cine Tonalá una vez. No, no. A Luis Urbano y a Tomás Rojo Valencia los han asesinado por ser yaquis y medioambientalistas, y eso lamentablemente una película no lo puede cambiar, porque el destino de las aguas y de las tierras del río Yaqui están en disputas con poderes muy grandes, muy grandes. Estamos hablando de una película de presupuesto de cine independiente contra el mayor negocio del planeta Tierra, que es la droga y la violencia. Lamentablemente quien tiene el poder en este momento decide quién vive y quién muere. Y eso es algo a lo que, desde mi posición, le tiro una piedra pero no dejo de ser un David contra Goliath, como lo son también la tribu yaqui que se defienden pero no dejan de ser un luchador más pequeño que lo que es el atacante, sin embargo, un digno luchador, porque lleva cientos de años defendiéndose y existiendo. 

–No me dejó terminar la pregunta. Yo espero que sí influya Laberinto Yo’eme.

–Nos gustaría que sí influyera, sobre todo para que impactara en la sociedad y nos diéramos cuenta de que esto no debe seguir sucediendo. Nos gustaría mucho que la sociedad acogiera con su lado empático y amoroso y más humano a la tribu yaqui, pero tenemos que saber que estamos en un país que vive en una profunda guerra y que se está asesinado todos los días en todos lados del país, y debemos replantearnos muchas cosas para acercarnos a la paz, porque esto no puede ser.

–Justo el gobierno de López Obrador anunció un acuerdo con los yaquis por el Distrito de Riego 18 para el 28 de septiembre y ofreció perdón a la tribu por este siglo de violencia y abusos.

–Las peticiones de perdón no sirven absolutamente de nada si no van acompañadas de hechos muy concretos. Y en este caso un hecho muy concreto sería simplemente aplicar la ley y –como falló la SCJN– desmantelar el acueducto Independencia, que es lo que se debe hacer. Lo del distrito de riego son promesas, sucedió una vez, pero nunca llegó el agua.  Y Conagua ya dijo que no existe físicamente esa agua.  Y es grave porque estas noticias parece que vienen a resolver un problema, pero realmente lo que van a provocar en pocos meses es una guerra de todos contra todos porque esa agua no existe.

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