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Opinión

Pandemia: el costo del crecimiento / Olivia T. Ruiz Marrujo

Por: Olivia T. Ruiz Marrujo / El Colef

En los meses que llevamos con la pandemia han surgido diversas lecturas de estos tiempos tan extraordinarios. Dado el impacto del virus del SARS-CoV-2 en las diversas poblaciones del planeta, todas ellas han tenido algo que decir, lo que ha producido un depósito de reflexiones y cuestionamientos en un esfuerzo por entender y explicar cómo es que llegamos a este momento. En particular, sugiero que el Covid abre una ventana que ofrece una mirada aguda y critica del modelo dominante de desarrollo que se ha venido dando a lo largo de la historia humana, un modelo que depende del crecimiento y de la acumulación continuos, tanto de la producción de bienes y de su venta, como de la expansión territorial de esa producción y venta a lo largo y ancho del planeta.

Dicho lo anterior, los lazos entre nuestras vivencias cotidianas y el sistema global se pueden perder de vista. Así, es válido preguntar, ¿qué tiene que ver este modelo global, un tanto abstracto y por lo mismo alejado de nuestra realidad inmediata, con usar cubrebocas, observar la sana distancia y vacunarse? En respuesta diría que mucho, y propongo que reconocer esos lazos es uno de los retos más apremiantes hoy en día.

La enfermedad que llamamos Covid viene del contagio del SARS-CoV-2, un virus que pertenece a una de 25 familias virales que se reconocen como patógenos humanos, esto es, microbios o microorganismos que causan enfermedades en los seres humanos. Estos virus circulan en la vida silvestre; en tanto, el virus del Covid-19 es zoonótico, lo cual significa que se transmite entre animales y seres humanos. En esto tiene precedentes; nuestra historia humana registra otros casos de transferencias zoonóticas. La plaga bubónica, por ejemplo, se transmite por medio de pulgas que vegetan en roedores y otros animales. SIDA, Ebola, SARS, Zika, enfermedades que la Organización Mundial de la Salud califica como las amenazas más serias a la salud pública, y ahora el Covid-19, son ejemplos recientes de enfermedades que se transmiten por medio de la zoonosis.

Estas han aumentado en décadas recientes, a tal punto que científicos que estudian este tipo de patógenos han declarado que vivimos en un mundo donde el contagio zoonótico ya puede considerarse parte de nuestra nueva normalidad. Si la transmisión se da por medio de contactos entre seres humanos y animales silvestres -roedores, aves y murciélagos, por ejemplo- por lo general estos contactos se deben a la incursión humana en sus hábitats. En este sentido no es de sorprender que lo que se entiende por “desarrollo” -la expansión urbana, la extracción de minerales, la deforestación, la construcción de caminos y carreteras- es lo que más ha llevado a brotes y transmisiones de enfermedades zoonóticas, lo cual debería de llevarnos a un serio cuestionamiento de nuestro modelo de desarrollo. 

En otras palabras, si no repensamos el modelo e implementamos cambios seguirán las transmisiones y sus consecuentes amenazas a la vida. Así, partiendo de la premisa de que la destrucción ambiental nos ha llevado a esta nueva normalidad letal, la iniciativa One Health (Una Sola Salud), un movimiento internacional que une los campos de la salud animal, humana y del medio ambiente, ha declarado que la única manera de salvaguardar nuestra salud humana es protegiendo la salud de la flora y fauna que nos rodea y el medio ambiente, lo que exige un reajuste profundo, esto es, recalibrar el balance entre las necesidades de los seres humanos y las de los otros que habitan la biosfera en que todos vivimos.

La idea no es nueva. El principio de establecer y mantener un balance entre seres humanos, plantas, animales y medio ambiente es intrínseco a las cosmovisiones de poblaciones indígenas de América, por ejemplo. También aparece en la propuesta, un tanto idílica, de E O Wilson, eminente biólogo que plantea la idea de limitar la presencia y actividad humana a la mitad de la superficie del planeta. Subyace, además, en el concepto de la sostenibilidad y la noción de “lo pequeño es hermoso” del economista Ernest Schumacher quien, a mitad del siglo pasado, lanzó su crítica de la economía moderna y del consumismo.

Si bien el reto es grande, los riesgos que enfrentamos son mayores si no hacemos nada.  Reconociendo que enfrentar los intereses políticos y económicos de los poderosos y la inercia burocrática que los respalda puede ser abrumador, la inacción, dejar que continúe el modelo socio-económico existente, pone en riesgo nuestra existencia y la del planeta. Como argumenta One Health, la salud y el bienestar de los seres humanos, las plantas, los animales y el medio ambiente es una sola; la sobrevivencia y el florecimiento de cada uno depende del bienestar de los demás. De igual manera, ignorar esos lazos será, para todos, letal.

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