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Opinión

Bezos a Marte | El último lector / Rael Salvador

Por: Rael Salvador

Lo estoy viendo, la realidad coqueteando con la ficción: en la violencia del deseo, Bezos a Marte. 

La moderna alegoría de los millonarios: realizar “turismo espacial”, con la misma ligera fatuidad con la que mandan sacar a cagar al perro.

En su algarabía de prostíbulo, el mundo se calienta y 5 mil millones de dólares y más (la inversión de Brason) no son utilizados para enfriarlo: ¡Qué puta religión predican estos ladrones con certificación aeronáutica, después de haber agotado todas las obscenas licencias mercantiles?

El auténtico mal no son los sueños de la razón tecnológica, sino llevar monstruos a los umbrales de las estrellas; sonriendo la fetidez del éxito, mientras la humanidad se hunde en el foso infecto de sus continuas catástrofes…

La esterilidad en la cloaca de su propia incertidumbre.

Se necesitan grandes dosis de imbecilidad concertada, testarudez irresponsable e inconsciencia fastuosa para, en la huida de todo lo que esta pasando en el planeta, celebrar fugas hacia el futuro.

Al igual que el Ártico se diluye en su muerte blanca, en el cotidiano transcurrir de los días queda claro que la concertación humana, al igual que su entorno, está en peligro de desaparecer.

Los dos casos generan impotencia, porque ambos se asemejan a un pésimo chiste donde el final queda de manifiesto lo siguiente: contra la armonía de la vida, el espectáculo de la extinción es inminente. 

En su desmedido avance tecnológico, el siglo XXI engulle en las fauces de su virtualidad a la condición humana, convirtiéndola en una especie de ectoplasma carente de significación objetiva que, amorfa y sin compromiso, se escabulle ante cualquier responsabilidad y se transforma en su propia amenaza.

Del escarnio mediático –ejecutado en la secrecía pública de los sitios web–, a la violencia de un horizonte de eventos –del cual imaginamos todo, por lo que intuimos devastador, como destruir, de ser posible, los planetas a nuestro alrededor–, los individuos descarnados destrozan su presente en aras de una participación fantasmática en redes sociales, haciendo permisible la inmoralidad económica de los que sacan oneroso provecho de la transparente pasividad del Ser-Tec: silenciado en el mundo material, pero enconado, enfurecido, indignado e implacable en la “celularidad” de Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y otras, que hoy dan nuevas muestra de una “carrera espacial” centrada en el la categoría siempre bufa de “turismo”, en cualquiera de sus obscenas vertientes.

Se van dejando en el camino enormes masas de cadáveres vivientes –prestidigitadores mancos, tuertos visionarios, cojos desarrapados, mutilados de dignidad todos–, los cuales abarrotan las imágenes de cristal transfigurados en zoombis (cada vez menos lejanos) que, al ser incosteables para el consumo y la prosperidad de las “estrellas”, son expulsados del edén comercial-consumidor sin el menor remordimiento.

Parásitos en el paraíso, eufemismo y adiestramiento en línea para exterminar la peste –ratas que mueren en una ciudad feliz–, ya que “existen para el pobre, en este mundo –advierte Louis-Ferdinand Céline–, dos maneras de reventar, una de ellas por la indiferencia absoluta de sus semejantes en tiempos de paz, la otra por la pasión homicida de los mismos una vez que llega la guerra”.

Abrigamos un mundo fragmentado –al que se le notan geográfica o espacialmente las costuras–, donde el lenguaje en común se utiliza para disminuir las coincidencias y denostar al que tiene algo que decir o algo que aportar; pareciera que cualquier actividad conjunta, de antemano estuviese condenada a la toxicidad de un fracaso procurado.             

Zoombis de niebla (más cercanos), carroña para francotiradores, inmigrantes denigrados, sociedades fantasmales, “aliens” de carretera, trabajadores reclusos, obreros desplazados, extras de mierda, desesperanzados y sin papeles, rellenos de asco, como quiera que se les llame, su condenación es la ironía cívica, especial y espacial de rechazo de unos a otros…

Con la misma ligera fatuidad con la estos “terrestres extras” –jamás extraterrestres– mandan sacar a cagar al perro.

raelart@hotmail.com  

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