“Es hora de olvidarse del quinto partido, el pasado ya no juega”: Bora Milutinovic
Ciudad de México, 2 de junio.-Bora Milutinovic pasa su vida de viaje. Si no está a bordo de un tren, atravesando alguna región de China, se encuentra en Qatar o navegando las aguas de un río en África para desembarcar en un pueblo perdido. Se sirve siempre de una sola maleta, da conferencias, comparte fotografías desde la pantalla del celular y reflexiona sobre el destino de selecciones como México en la Copa del Mundo. No entiende por qué la política se mezcla tanto con el futbol actual.
“El Mundial es la fiesta del pueblo. Y, si es para el pueblo, el precio de los boletos normalmente no son tan exagerados”, dice a La Jornada el ex seleccionador nacional, el último en saltar la barrera del quinto partido desde 1986.
A su memoria llegan recuerdos de la antigua Yugoslavia, familias que carecían de zapatos y comida por la guerra; imágenes de su debut en el estadio Azteca; jugadores a los que dirigió durante cuatro meses en una concentración inédita que hoy sirve de espejo para el técnico Javier Aguirre.
“México es un país de otro mundo”, afirma desde Qatar; “y cuando digo eso me refiero a los Juegos Olímpicos de 1968, los campeonatos mundiales del 70 y el 86, incluido el del próximo verano. ¿Cuántos han podido ser anfitriones tantas veces de las mejores competencias del planeta? Ninguno. Esta selección tiene otra oportunidad para hacer historia, juega con ventaja por su gente”. De pronto, Bora sonríe. Piensa en aquel partido contra Bélgica, en los goles de Fernando Quirarte, Hugo Sánchez y la ceremonia de inauguración. “El mejor recuerdo de ese Mundial es el público, cuando el Azteca cantó la letra del Himno Nacional con más de 100 mil personas. Fue inolvidable. Veíamos la ola, el ambiente en las gradas, las banderas, pero, sobre todo, la alegría que mis jugadores dieron al pueblo mexicano. Eso es imborrable”.
Poco antes de ese Mundial, el entonces seleccionador nacional –multicampeón en los Pumas, ajedrecista y políglota con dominio de cinco idiomas (serbio, inglés, francés, italiano y español)– respondió a una llamada del canciller Bernardo Sepúlveda, quien buscaba ofrecerle la nacionalidad mexicana. No la aceptó. “Yo soy yugoslavo, serbio, pero llevo en mi corazón a México y hablo el español mejor que ningún otro idioma”, bromea a sus 81 años. La conversación transcurre en medio de un flujo de coches que se enredan entre sí a su alrededor. Bora trata de escapar del ruido, se disculpa por las voces y el sonido del tránsito que delata el pulso de una ciudad ajena.
Todos estuvieron alineados
Cuando se detiene a analizar el proceso de 1986, establece una línea paralela que involucra a dueños y directivos. “Si nosotros logramos aquella vez un buen resultado fue porque todo el mundo colaboró con la selección. Todos tenían la misma ilusión, sabían lo que se tenía que hacer y lo hicimos, porque, sin eso, uno no puede lograr nada”, resalta. “Una concentración de varios meses pone a prueba la personalidad de los jugadores, la pasión que ellos tienen por el futbol y la conciencia de lo que implica disputar un Mundial. Yo tuve la suerte de que jugadores y directivos estuvieron alineados bajo el mismo interés. Los tiempos de hoy son distintos, no se pueden comparar”.
Durante aquella edición, México consiguió su mejor resultado histórico en una cita mundialista. Avanzó como líder de grupo con victorias sobre Bélgica (2-1) e Irak (1-0), además del empate contra Paraguay (1-1), y superó a Bulgaria en octavos de final (2-0). La marcha se detuvo en el quinto partido, donde Alemania impuso su jerarquía (4-1) en la tanda de penales. Bora zanja cualquier intento de comparación con una expresión práctica: “Yo respeto”. Esas dos palabras las ha pronunciado en diversos momentos de sus dos etapas al frente del Tricolor (1982-1986 y 1995-1997), porque no le gusta juzgar el trabajo ajeno. Esa diplomacia define su carácter, aunque tiene claro que en la cancha algunas cosas dependen estrictamente de los jugadores.
“Lo único en lo que deben pensar es en jugar. Es momento de olvidarse del quinto partido. Las cosas del pasado ya no juegan”, señala sobre anteriores eliminaciones y una concentración de más de 40 días con la que Aguirre quiso seguir sus pasos. Como tantos otros deportistas yugoslavos, este trotamundos que ha dirigido en distintas Copas del Mundo a México, Costa Rica (1990), Estados Unidos (1994), Nigeria (1998) y China (2002) tuvo que marcharse un día de su país con la maleta bajo el brazo. “Fue el destino quien me llevó a Pumas. Tuve la suerte de ser parte de una generación con líderes extraordinarios, pero, sobre todo, grandes personas”.
La distancia y las interminables horas frente a la computadora en Qatar, donde actualmente pasa sus días, lo hacen reflexionar sobre las tensiones geopolíticas actuales en Medio Oriente, además del papel que ha desempeñado la FIFA en la organización del torneo. “El futbol es para el pueblo y es de lo único de lo que yo puedo hablar. Hay otra gente que debe aclarar lo que está pasando”, responde con un tono más serio. Debido a las preocupaciones de seguridad por el ataque armado de Estados Unidos –anfitrión de la Copa– e Israel, la FIFA autorizó a la selección de Irán el traslado de su base de entrenamiento de Tucson (Arizona) a Tijuana.
Hay candidatos naturales
–¿Tiene algún favorito?
–La mayoría de las veces son los mismos equipos. Francia debe ser uno de los grandes aspirantes, porque ya fue campeón del mundo (1998 y 2018). Tiene un entrenador, Didier Deschamps, que sabe lo que es ganar el torneo. Fue monarca en la Liga de Naciones de Europa (2021) y estuvo a punto de serlo también en Qatar 2022 (perdió la final con Argentina). Asimismo, hay otros equipos sumamente capaces e individualmente muy fuertes, como Portugal. Y no hablemos de Argentina o Brasil, porque son candidatos naturales. Naciones que exigen cualidades extraordinarias para ganarles. Pero México sólo debe preocuparse por jugar partido a partido.
–¿Y hasta dónde puede llegar?
–Para mí, con qué rival juega México no tiene ninguna importancia. Uno puede soñar con ver a la selección campeona del mundo, ¿por qué no?, pero eso depende de muchos factores. Sobre todo, de jugadores con actitud y compromiso para estar a la altura de los mejores. Van a tener el apoyo de la afición y jugar en el estadio Azteca siempre es una ventaja, porque les pesa a todos los que lo visitan. Javier (Aguirre) es un entrenador ejemplar. Después de que todo esto termine, los directivos deberán tomar decisiones adecuadas para que el equipo y futbol mexicano sigan adelante.




